domingo, 22 de marzo de 2026

PENSAR

 

Pensemos. Efectuemos conscientemente y a propósito el ejercicio de pensar, como si de un deporte se tratara, es muy importante. Con ello se consigue seguridad en sí mismo, objetividad y poder de convención.

El poder a secas que se logra por la fuerza o la violencia, a la corta o a la larga, será destruido por otro poder superior o, simplemente, cuando la gente piense y actúe en consecuencia. Y es que la violencia engendra violencia y el verdadero poder se alcanza utilizando otros métodos siempre pacíficos, nunca violentos. Esto  puede entenderse estudiando el origen y desarrollo de las religiones: unos motores invocadores de paz que no la consiguen practicando la guerra y sí amor y caridad.

Una persona tranquila puede convencer más fácilmente, que otra agresiva, incluso si miente y engaña; pues crea entre la gente una sensibilidad tal, que confía, se despreocupa y deja de pensar hasta quedar confundida después, al descubrir la verdad. Si además tiene otras cualidades siendo simpático, ajustándose a las costumbres, empatizando o dando la razón a los demás, resulta difícil imaginar, aun en solitario, que haga lo contrario, convirtiéndose en un depravado referente.

En cuanto se acepta un relato, una historia o una versión sin examinarlos, aunque nos sean favorables, comenzamos a caer en la trampa para, finalmente, hacerlo nuestro sin ni siquiera saber si es verdad o mentira, si conviene o no. Peor aún, si con ellos se nos toca la fibra sensible de nuestros sentimientos, ya que de lleno nos implicamos. Reflexionemos. Exijamos pruebas. No nos resignemos a aceptar una opinión, un punto de vista determinado sin más. Sea cual sea, distingamos los hechos de los comentarios contrastándolos, separando la paja del trigo, porque la verdad, la honra, la vida de uno es la que importa.

Por consecuencia, antes de tomar una decisión procuremos asegurarnos de que sea la correcta, basándonos en el sentido común, distinguiendo la realidad de la fantasía, centrándonos en la cuestión de la que se trate y en su importancia. Pues, cuando la capacidad de pensar se pierde, por lo general, se sigue a un líder a ciegas que no, necesariamente, tiene los mismos intereses que los tuyos. Averigüémoslos

El hecho de reflexionar es vital siempre, pero, sobre todo, cuando se nos exige o conmina rapidez en resolver algo que viene a ser sugerente o una oportunidad única que no te puedes perder ni rechazar y, más o menos, si afecta a una emoción sensible contenida en alguno de los siete pecados capitales, a saber: la ira, la gula, la soberbia, la pereza, la envidia y la avaricia. Ojo, pues, a quienes nos venden promesas, nos aseguran el cielo o cosas que jamás podrán cumplir; a los vendedores de humo que hablan ex catedra o invocan dogmas; a los atrevidos como un servidor, que os recomienda, con la mejor de sus intenciones, lo que considera conveniente; a las imposiciones, milagros, voces internas de la mente que nos dirigen diciendo que nos proporcionaran salud, dinero o amor y nos echan bendiciones de la buena suerte a cambio de nada, o de bien poco. Cuestionémoslo.

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