Un folio de pensamientos.
Hoy, con cuatro párrafos de
Baltasar Gracián
Saber retirarse cuando se está
ganando. Es lo que hacen los jugadores profesionales. Tan importante es una
lúcida retirada como un ataque esforzado. Hay que poner a salvo los éxitos
cuando hubiera bastantes, incluso cuando fueran muchos. Un éxito continuado fue
siempre sospechoso; es más segura la buena fortuna alterna; y si tiene algo de
agridulce se disfruta más. Cuanto más corren los éxitos atropellándose, tienen
mayor riesgo de resbalar y dar al traste con todo. A veces se recompensa la
brevedad de la duración con la intensidad de la suerte. La fortuna se cansa de
llevar a uno a cuestas durante mucho tiempo.
Sentir con los menos y hablar
con los más. Querer ir contra corriente hace imposible descubrir los
engaños y es peligroso. Sólo Sócrates podría hacerlo. Disentir se considera un
agravio, porque es condenar el juicio ajeno, los disgustados se multiplican
tanto por quien ha sido criticado como por quien lo ha aplaudido. La verdad es
de pocos, pero el engaño es tan común como vulgar. No se puede conocer al sabio
por hablar en público, pues no habla allí con su voz, sino con la de la necedad
común, por más que la esté desmintiendo en su interior. El cuerdo huye de ser
contradicho tanto como de contradecir: rápido en la censura, es lento en
publicarla. El sentir es libre: no se puede ni debe violentar; se retira al
refugio del silencio y si a veces se expresa es al amparo de pocos y cuerdos.
Corregir su antipatía.
Solemos aborrecer de modo gratuito, incluso antes de conocer las supuestas
cualidades. Y a veces esta innata y plebeya aversión se atreve con los hombres
eminentes. La cordura debe corregirla, pues no hay peor descredito que
aborrecer a los mejores. Lo que tiene de superioridad la simpatía con los
héroes, tiene de desdoro la antipatía.
Saber usar evasivas. Es el
recurso de los prudentes. Con la galantería de un donaire suelen salir del más
intrincado laberinto. Con una sonrisa, airosamente, se evita la contienda más
difícil. El mayor de los grandes capitanes fundaba en esto su valor. (Se
refería al Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba -1453-1516-).