14-07-26 - 7.50 horas - Xi'an
La vida de turista es muy
fatigosa y sacrificada. El turista madruga, se impacienta, tiene prisa y
mantiene una lucha despiadada consigo mismo y con los demás para conseguir una
posición dominante, un privilegiado puesto para ser el primero. La aventura, la
curiosidad, el atrevimiento e, incluso, la envidia, por no perderse nada, son
sus consignas, aunque después las olvide, salvo que sean parte de su natural
carácter. Sin embargo, la idea de estar en la primera fila y superar a los
demás para cualquier cosa le satisface haciéndole más agresivo, respondiendo a
empujones y codazos con el fin de no ceder el paso y estar alerta para que
nadie se le cuele.
No me cansaré de repetir: ¡Cuánta
gente! ¡Cuántas aglomeraciones! La máxima afluencia, creo, la sufrimos
visitando los Guerreros de Xi'an, en bastante menor espacio que en la Ciudad
Prohibida de Pekín o en la Bahía de Shanghái, donde resultaba imposible dar un
paso sin chocar con alguien.
Vimos a los budas esculpidos en
las rocas de la montaña, siguiendo filas continuas de infinidad de gente
cansada, tanto o más que nosotros que renunciamos a volver caminando como
llegamos para hacerlo en barco primero y en autobús después. Y es que allí, en
China, todo es grande, impresionante y las distancias muy largas con sus
continuos registros de pasaportes, bolsas, macutos, chequeos…
Visitamos una pagoda que me hizo
pensar en otras creencias, en otras religiones, en otra fe. Algo que deberíamos
los humanos tener presente y recordar que por ellas combatieron y murieron
infinidad de personas, que no tendrían por qué morir. Pero los humanos somos
tan estúpidos que hacemos caso a predicadores, charlatanes, vendedores de
feria, políticos marrulleros y gente que vive del cuento y eso se paga. ¡Ya lo
creo que se paga! Y lo peor, posiblemente, es que ello sea consustancial con
nuestra especie y muchos de los citados, que lo saben, se hagan ricos.
Una buena siesta después de comer
vino a reparar mis pensamientos y visiones. Y hablando de estas, indicaré que
en todas las habitaciones de los hoteles que visitamos, no falta la televisión
con más de 50 canales sin contar con aquellos de pago que anuncian y los
multiplican en número. No tengo la menor duda que China ocupará un puesto
destacado en el orden mundial en un futuro, si es que ya no lo ocupa, siendo
parte del devenir humano imponiendo costumbres, productos y avances sin
oposición del resto de las naciones, mientras prevalezca en paz. Uno lo
comprobamos apreciando que las motos no hacían ruido: eran todas eléctricas.
En esta ciudad nos habituamos a
comer en el centro comercial del edificio donde teníamos el hotel, merced la
simpatía de una joven camarera que nos atendía con simpatía y esmero, aunque,
en mi caso, salvo el arroz, no distinguía lo qué comía, pues todo estaba
troceado y revuelto, eso sí, pidiendo que no tuviera picante.
He llegado al convencimiento de
que la responsable pasividad de la gente, salvo excepciones que no vi, es
inmutable a las decisiones que toma su Gobierno; algo que llegué a experimentar
viviendo con los gobiernos de Franco, donde el pueblo, dirigido por “las
bondades” que difundía, se amoldaba a los deseos de quienes lo dirigían
aceptando sus políticas, bien por la fuerza, convicción o no viendo otra
alternativa. Cierto es que comparar
ambas dictaduras, la capitalista y la comunista (ambas nulas en democracia[i]), dan como resultado que
vienen a ser radicalmente iguales, con distintos colores totalitarios, donde,
pese a quien pese, la soberbia del poder y la riqueza, bendecidos por el
misterio de la fe, siempre son las dominantes. Sistemas políticos semejantes,
con un solo poder, ostentado por una persona que ordena y manda, jefe de un
solo partido político existente. Similar, por mucho que se diga, a las empresas
privadas, donde expresarse libremente es una quimera, si la opinión es
contraria al interés de quien se ha procurado el voto de la mayoría de los
accionistas, toda vez que “dar cabida a todas las voces que han dado y dan
forma al mundo en el que vivimos, es una medida de defensa contra la mitología
fascista”.
¿Quién rechaza glorificar el
pasado histórico y dominante de su país? ¿Quién el gobierno del mundo
académico, el de la ciencia y los medios de comunicación? El patriotismo es una
moneda común en todas las naciones, aunque la realidad siempre es más compleja.
La Tierra si es la Patria de todos. Ahora bien, no estaría de más copiar
palabras que comprometen a quienes las pronuncian para después pedirles
responsabilidades por ellas.
No nos olvidemos del relato que
teníamos previsto, apartándonos del camino, y sigamos con nuestro viaje del que
hoy adjuntamos unas fotitos que nos abra más los ojos, hasta la próxima
entrada.
[i] La democracia solo
prospera cuando los hombres empatizan con ella, adquiriendo la posibilidad de
tener similares conocimientos, aunque estén sujetos a un control económico
exhaustivo por parte del gobierno. Éste, recaudará los impuestos para
proporcionar salud y educación, asegurando paz y trabajo con los que poder
vivir, comprendiendo que la humanidad es única en el Universo y nos hace
insustituibles.