Anotaciones Aleatorias Adquiridas (Tres veces A)
Conoce de primera mano los achaques de la edad,
qué significa envejecer y perder facultades, tanto las físicas como las
mentales. Asimismo, ha convivido con la soledad, el miedo a la muerte, y el
desconcierto de no reconocerse en esa persona ajada. Pero también ha conocido
el acompañamiento y el cariño recíproco.
Tú me hablas de Saramago y yo te voy a hablar del
mito griego de Titón, el amante de Eros. Ella era inmortal y él no, así que le
pidió a Zeus que le hiciera inmortal. El problema es que no dejó de envejecer.
Y Eros volvió ante Zeus para pedirle que dejara morir a su amante. La moraleja
es que lo que queremos no es vivir eternamente, sino el don de la eterna
juventud.
Pero ese no es el único ni el mayor problema de
tener vidas largas. El verdadero problema es que, a mucha gente, se le agota el
proyecto vital. Piensa que, si vives muchos años, empiezas a perder a gente. Se
muere tu pareja, te quedas sin amigos y tus hermanos y primos empiezan a
fallecer también. Todos queremos vivir muchos años, pero eso tiene un precio y
no nos paramos a pensar en las consecuencias.
No es lo mismo la vejez teniendo dinero que sin
tenerlo, pero el estado de salud o la vida social son igual de determinantes.
Creo que puedes envejecer con salud y dinero, y acabar con una vida limitada.
La vida es lo que haces con lo que tienes, a lo que aspiras. Y todo viene
marcado por si te aferras o no a la nostalgia, si te comprometes con tus
relaciones, proyectos y con el bien común.
Creo que sin los demás no somos nada. El ser
humano tiene la capacidad de no hablar de las cosas importantes.
Nos negamos a reconocernos en el viejo que
seremos y eso es un error. La felicidad no es alcanzable siempre, sino te
la trabajas, son momentos. Y otra cosa esencial de entender es que hay cosas
más importantes que la felicidad propia e individual. Cuando cuidé de mi madre
no era porque me apeteciera o me hiciera feliz, sino porque era lo que tenía
que hacer. Renunciar a tu tiempo no es agradable, pero hay cosas que valen más
que tu bienestar. Cuando trivializamos el sufrimiento ajeno y banalizamos la
felicidad propia, nacen sociedades solitarias.