domingo, 11 de octubre de 2026

UNA ÉLITE QUE MANDA MUCHO (nueve)

 

Los seres humanos surgimos en el planeta Tierra cuando las condiciones de ésta lo permitieron. Nos desarrollamos alimentándonos, procreando (dos generadores de nuestra Naturaleza para subsistir y reproducirnos) y estableciendo una sociedad con normas, leyes y costumbres, desde tiempos inmemoriales, donde mandan las élites poderosas de las que venimos escribiendo en estas últimas semanas.

La razón es bien simple. El poder reside en la fuerza de las armas, las riquezas y la mente (*). Sin las primeras hombres y mujeres nada pueden hacer. Las segundas, apreciadas por todos, pueden comprar las primeras y casi todo. La mayoría de los mortales somos, si nos ponemos de acuerdo, otra fuerza extraordinaria. Pero el acuerdo se resiste, no llega o cojea debido a que es tanto el interés individual y colectivo por poseer riquezas con las que comprar lo que queramos, que se miente (**), se vende a padres e hijos para obtenerlas, máxime si se sufre una situación precaria, vulnerable o de desamparo. Los de a pie somos más, sí, pero como apuntamos, a cambio satisfacer un deseo o una necesidad entregamos la voluntad a quienes tienen recursos para pagárnosla. Es decir, conseguimos pan, sexo y queremos más vendiendo nuestra decisión o voto por un plato de lentejas (***) de ahí que los pobres nunca manden y sean los ricos quienes impongan sus reglas.

Hoy, el sistema político más perfecto es la democracia, aunque frágil y difícil de llevar a cabo, ya que todos queremos para sí que las decisiones tomadas coincidan con las nuestras cuando las mismas se rigen por la mayoría de los votos: nuestros o representados. Una mayoría numérica que recae en los más desfavorecidos que me motiva preguntar: ¿Por qué entonces no manda la clase más necesitada?

La razón es simple también. La información que interesa en provecho de los acaudalados es un arma poderosa que compran para hacérsela creer a los demás, sabiendo que pensamos y nos movemos por impulsos. Y así, mientras ellos, los pudientes, aumentan sus riquezas sin soltar el relato que les encaja y une dejando dormir sus emociones; los de a pie, arrogados por un orgullo que a nadie honra, carentes de fortuna, hacen suyo el cuento oído sin pensar que no les conviene.

La información sesgada, la opinión interesada, el mensaje tendencioso con los que nos bombardean a través de muy diversas fuentes (****) pagadas por quienes tienen con que pagar, influyen e intervienen sobremanera en las decisiones que, por lo general, tomamos en el último momento al depositar el voto. Hace ya tiempo que la oposición insidiosa comenzó la campaña sin aportar soluciones a los problemas, solo con la idea de ocupar la poltrona de mando y la táctica de “blasfema que algo queda”, aunque sepan que “no por mucho repetir una cosa es verdad”.

A propósito de lo anterior, al igual que la mayor parte de los pensionistas que, acostumbrados al papel, apenas si manejan los medios digitales, leo a menudo un periódico regional que cita ser un diario independiente y, además, es gratis, lo que su producción la costeará la publicidad o, en su caso, la empresa editora asuma las pérdidas. De él transcribo un párrafo de opinión publicado el día 08.10.26 diciendo:  “Queridos lectores, el voto es libre, pero no olviden quien ha consentido que la vivienda se haya incrementado un 54% desde 2018, mientras los sueldos subían un 24%. Acuérdense de Cerdán, Koldo, Ábalos o el fiscal general, amén de los 46 muertos en Adamuz. Tampoco se nos debe quedar en el tintero los privilegios a los catalanes o los ataques a los jueces, con métodos mafiosos. Y tengamos presente nuestra querida Ceuta, abandonada por un gobierno arrodillado ante Marruecos. Solo falta que Feijóo ilusione a los que buscan una alternativa. Munición no le falta, pero sus asesores, como suele ocurrir en el PP, fallan. Y es ahora o nunca”.

Como podrán observar el texto es muy independiente. Es una opinión, sí, pero son estas precisamente las que se prodigan, mandan mucho y calan, sobre todo, por su independencia de balde. Los de a pie y jubilados, que generalmente las leemos, debemos tener presente y no olvidar que casi todas las medidas tomadas por el gobierno actual fueron rechazadas por el P.P. y VOX. Entre ellas, las subidas de sueldos, salarios base y mínimo vital; las pensiones del + 0,25% pasaron a ser del + el % del I.P.C.; sobre la vivienda tienen competencias el estado, las autonomías y los ayuntamientos gobernados por diversos partidos políticos; las corrupciones afectan a  todos, pero veamos su forma de actuar; no cita los muertos en la Dana de Valencia ni las incesantes mentiras vertidas o el culmen de ellas  en el infausto desastre de Atocha; eso sí, disparando siempre, y por todo, contra el presidente de España, entre otras cuestiones por no inculpar a Marruecos siendo Frontex (Europa) la que debe de actuar y él, como presidente, evitar el enfrentamiento de ambas naciones que solo perjudica a sus habitantes, que son los que más pierden. Ahora, los hay quienes van contra los asentados en la Puerta del Sol que actúan pacíficamente, sin emplear violencia ni en sus hechos ni en sus palabras, mientras otros si la provocan. Hace tiempo que Abascal -Vox- dice que Sánchez es capaz de todo e invoca a la no violencia cuando sus palabras son pura violencia. Feijóo desconfía de los jefes de Correos, donde él mandó y se depositan muchos votos. ¿Le sirvieron, acaso, para ganar todas las elecciones en Galicia? ¿” Cree el ladrón que todos son de su condición”?

Repito que ni mandan, ni mandarán los que menos tienen, los que son mayoría, ya que éstos libremente seguirán votando a la élite de los poderosos que compran sus voluntades con dinero o son engañados con mentiras, pensando, además, que la igualdad ni existe ni existirá en mucho tiempo. Una desgracia asumida poco a poco.

(*) Nos ocuparemos en la próxima y última entrada de la serie de este título.

(**) “Antes de que el gallo cante me mentirás tres veces”.

(***) “Esaú cedió su primogenitura a su hermano Jacob por un plato de lentejas”.

(****) Prensa, radio, televisión, medios digitales, pulpitos, influyentes, jefes, oídas…

jueves, 8 de octubre de 2026

UNA ÉLITE QUE MANDA MUCHO (ocho)

 

¿Qué es España? ¿Por qué empleamos la palabra “España” cuando nos conviene? ¿Es algo propio o alguien con corazón? ¿Qué puede hacer España por nosotros y nosotros por ella? ¿Qué tiene para que los nacidos en su tierra la invoquen? ¿Su niñez, su abandono, la lejanía…? ¿Cuál es su significado y hasta qué punto su mención nos sobrepasa? ¿Toda persona física es igual en todo el mundo?

Aun en mis oídos resuena la frase de Tejero: “Quietos todo el mundo” y la ráfaga de balas penetrando en el cielo del hemiciclo del Congreso de los Diputados. Un Golpe de Estado “por España”, “para salvar España”, del que todavía no tengo claro que le iba en ello a España y a los españoles, salvo al golpista y a los suyos.

Muchos de los habitantes de España podían haber nacido - ¿por qué no? -  en otro lugar, en Biafra, por ejemplo. ¿Qué importancia tendría Biafra entonces para los españoles? La misma, sin duda, de la que ahora tiene España para los ibos. Pero desde chicos a ellos y a nosotros nos inculcaron que lo propio, “lo nuestro”, es excelente, el ideal de un patriotismo del que algunos se sirven para enfrentarnos convencidos o no, de que hacen lo mejor, sin preguntarse para qué o para quién. A los de Kenia, Gabón o a los rusos les pasará lo mismo tocándoles la fibra sensible de sus sentimientos, los nocivos orgullos patrios. Y a estos podemos añadir las perversas creencias en un Dios todopoderoso “que está de nuestra parte”, nos guía y ampara para que unos pocos -que piden apretarnos el cinturón- vivan como curas.

“No difamarás, ni blasfemarás, ni mentirás, ni votarás a quienes no crean en Dios ni en España porque esta es católica y nuestra, y por ella se da la vida”. “No pronunciarás en nombre de Dios en vano, ni injuriarás, ni te sientas hijo del pecado porque aquellos que te engendraron estaban bendecidos por Dios y por España”.

¡Que fácil es el uso de las palabras pomposas! “Morir por Dios y por España”. ¿Cómo se hace eso? Solo cuando emplearlo interesa. Un interés lícito si el esfuerzo culmina por un bien propio y general, o se gana el pan con el sudor de la gente - ¡perdón! -  con el sudor de tu frente”. “Odia a España”. “No cree en Dios”, escucho de alguien decir a veces, y me pregunto: ¿De qué modo se puede odiar a España? ¿Qué le puede afectar a Dios que se crea en Él o no? También me suena aquello de “Una grande y libre” y las gloriosas exaltaciones franquistas, las tristezas de emigrantes españoles en Venezuela o Alemania recordando su tierra en navidades: raíces de una madre Patria que tuvieron que abandonar obligados por necesidad.

Se puede sentir lo que sea, pues no afectan a las cosas, pero dejar de ser español, creyente o patriota, algo que ni a España ni a Dios impresiona, causa vergüenza en individuos “muy, mucho, patriotas” de pulsera, difamando a madres ajenas y a mujeres que quieren abortar, despreciando a homosexuales y a emigrantes, abusando de críos siendo sacerdotes y rezando por Franco, aireando banderas de la dictadura fascista y mascullando la frase trasnochada de “fuera los rojos comunistas” y todo para sentirse superiores y mandar en nombre de Dios y de España, que consideran suya  o de su propiedad, a fin de hacernos retroceder a los tiempos de la Santa Inquisición, donde injustamente se culpaba de herejes a los bautizados y se maltrataba a las mujeres acusándolas de brujas [i] cuando lo que hacían en realidad era reconstruir hímenes dañados por sus violadores, tratando de rehacer su honra para que estos u otros hombres se casaran con ellas y no quedaran en la mendicidad o en la prostitución: “Difama que algo queda”.

 



[i] Bien sabemos hoy que las brujas nunca han existido.

 

 

 

domingo, 4 de octubre de 2026

UNA ÉLITE QUE MANDA MUCHO (siete)

 

En el mundo, al parecer, hay más de mil religiones cuyo número de seguidores vienen a ser, en millones de personas, del orden de: 2.400  el cristianismo, 2.000 el islamismo, 1.200 el hinduismo, 500 el budismo, 400 las chinas tradicionales y el resto, hasta el último habitante, las africanas habituales, las indígenas, el sijismo, el judaísmo, el bahá’í, el jainismo, el sintonismo y otras que no se identifican como tales (confucionistas, otras budistas, americanas y australianas) o no creen en un Dios como las ateas, agnósticas y paganas. Es decir, todas ellas son producto de ideas y ocurrencias diferentes surgidas entre los hombres en infinidad de lugares, acerca de las divinidades (monoteísta, dualista, politeísta) establecidas mediante la fe y la aceptación de  creencias sin prueba real alguna y la práctica individual o colectiva de ritos, dogmas y normas por medio del culto y la oración, la veneración y el sacrificio, lo prohibido y lo permitido, el pecado y la contrición, poniendo en juego los sentimientos de miedo al castigo y de esperanza a una recompensa  después de la muerte; eso sí, dependiendo de la conducta moral  de cada persona.

Las religiones son pues artificios humanos nefandos, inventados por la ignorancia, el temor humano y el halo de un misterio oculto del que forman parte, para con éste continuar por los siglos de los siglos hasta que sea remplazado, bien por la I.A. u otros descubrimientos y sus beneficiarios herederos sigan viviendo del cuento.

Los hombres reconocemos cuando algo lo hacemos bien o mal, cuando nuestras actuaciones no se corresponden con nuestra manera de ser, cuando erramos y mentimos o cuando decimos la verdad, aunque nadie nos crea, ya que todo cuanto hacemos y sentimos repercute en nuestro ánimo con dolor, contrición, silencio o enfermedad, …, en el fuero interno del dios que llevamos dentro con el fin de tenerlo presente, silenciarlo o divulgarlo, repetirlo o enmendarlo, si es importante.

Nadie pude saber si existe o no un Dios todopoderoso que nos vigila, nos premia, nos ordena o nos castiga. Lo que sí sabemos es que hay muchas organizaciones y personas que se aprovechan de Dios para beneficiarse e imponerse, sobre todo aquellas que forman parte de sus élites. También las hay generosas que velan por el bien común, aunque no necesariamente tengan que hacerlo en nombre del Dios de una determinada religión. No comulgo con un dios o diosa únicos, sean judíos, cristianos, mahometanos o vaya usted a saber de dónde y cómo y cuándo y de qué manera surgieron permitiendo que nos matáramos entre nosotros en guerras y conflictos y no, por el contrario, impusieran la paz. Un Dios verdadero, si lo hay, no puede serlo si sirve para enfrentarnos entre nosotros para morir, si necesita de mensajeros y publicidad para comunicarse, si elije a un pueblo sobre los demás. Admiro, sin embargo, al Dios propio de los hombres que lo llevan en sus corazones y hacen el bien allá por donde pasan; a esas almas caritativas desprendiendo amor sin pedirlo, ayudando a los demás y compadeciéndose de los vulnerables, sin ir en contra de la Naturaleza humana que les permita comer y reproducirse.

jueves, 1 de octubre de 2026

UNA ÉLITE QUE MANDA MUCHO (seis)

 

El planeta Tierra, no necesariamente está al servicio de la humanidad y, como “nada se crea ni se destruye, sino que todo se transforma” aunque se diga también “que todo llega a su fin”, debió de surgir para desarrollar la existencia de vida dándose las condiciones adecuadas. Y con los componentes que la forman, los organismos y seres vivos que la poblamos, y en ella coexistimos, interferimos en su recorrido alterando sus primigenias circunstancias.

La naturaleza humana precisa de alimentos (agua, luz y calor), sexo (masculino y femenino) para reproducirnos y asociarnos, pues en ello nos va la vida. Sin embargo, nuestros organismos constituidos por elementos físicos y anímicos, conforme se fueron transformando a las circunstancias, surgieron nuevos métodos e ideas atenazadas por los sentimientos. Así es como pensamos que nació todo cuanto existe e, ignorando quién pudo hacerlo, inventamos dioses y seres superiores como explicación, a los que atribuimos inmensos poderes justificando lo desconocido y, entre ellos incluidos, los fenómenos naturales sucedidos.

Fue nuestra ignorancia la que nos hizo tomar el libre camino de la ciencia para saber que, después de los organismos propios para la vida, dieron comienzo los vegetales y animales en sus distintas especies, entre los cuales nos encontramos nosotros: animales racionales con muy diversos géneros, simplificados en masculino y femenino que, para continuar, como el resto de los seres vivos, necesitamos alimentarnos y reproducirnos. No obstante, desde nuestros comienzos los sentimientos del miedo, la veneración y otros, fueron aprovechados por algunos espabilados para dar forma a la fe y a las creencias que, derivaron en religiones, dogmas, filosofías, confesiones, … acerca de la conducta individual y social para establecer un culto mediante ritos y prácticas repetitivas modulando los cerebros.

La soledad no forma parte de la Naturaleza humana, por lo que nos necesitamos entre sí, mutuamente, debiendo de mirar no solo por nosotros mismos sino por el bien común y dejarnos de conflictos, enfrentamientos y guerras en las que todos perdemos, sabiendo, además, que aisladamente desapareceríamos.  

Seamos seres libres poniéndonos de acuerdo, tolerando las ideas de los demás y cediendo todos un poco sin que nadie nos tome por tontos; rechacemos las políticas y religiones que traten de imponerse para enfrentarnos y separarnos, pues ninguno de nosotros eligió ni cuándo ni donde nacer para evitar encontrarnos con unos bandidos y sinvergüenzas que con sus mensajes mentirosos e interesados abusan de gente buena y desfavorecida, de niños, mujeres, emigrantes…

¡Ojo! Que son individuos que los hay bien formados, con estudios y carreras, a los que solo les importa el dinero y emplean medios políticos y religiosos para ello. Son peligrosos, agresivos y mentirosos en sus discursos que “se las cuelan al más pintao”.

domingo, 27 de septiembre de 2026

UNA ÉLITE QUE MANDA MUCHO (cinco)

 

Las élites que mandan mucho no necesariamente lo hacen bien y, desde luego, nunca a gusto de todos. Hemos escrito sobre la Justicia, empresarios y obreros, los tiempos y sus circunstancias y, en la anterior entrada, sobre la clase política de la que podríamos escribir muchísimo; sin embargo, hemos de considerar que ninguna persona somos iguales, ni siquiera los nacidos de un único ovulo y espermatozoide, un cigoto que se dividirá en dos embriones, para nacer dos gemelos monocigóticos o idénticos con una misma información genética que, aun siendo del mismo sexo, el tiempo y las circunstancias los cambiarán  para ser personas únicas y diferentes.

A propósito de lo dicho, siempre sacamos a relucir la Naturaleza Humana y esa sí, a mi juicio, es la misma para todos, sin que ello suponga que nuestro recorrido y destino estén previstos de antemano y sean el mismo, salvo que los limitemos a la muerte. Ésta servirá para que nuestro cuerpo físico sea aprovechado por otros seres orgánicos o vivos; si bien, la desaparición del espíritu es todo un misterio, algo desconocido del que se ocupan la mayoría de las religiones, cuyas élites, dicho sea de paso, también mandan mucho, muchísimo, hasta ser parte de nuestras costumbres e ideologías.

Hablar de política supone hablar de la forma de vivir de los pueblos y su gente. Algo trascendente que se puede regir por un orden que nos impongan (dictadura), o por otro elegido por mayoría (democracia), directa o indirectamente, calificado de tres modos, por simplificar: de izquierda, de centro y de derecha.

Mi posición es clara: Que no nos sea impuesta (ni siquiera por ley divina) y sí decidida por las personas designadas y competentes para instaurar unas leyes consensuadas y aprobadas democráticamente que hay que cumplir, respetar y, en su caso, revisar. Ellas nos marcarán estrictamente los derechos y las obligaciones, nuestros beneficios y penas entre los que destaco: el derecho a la vida (honesta), la libertad de expresión (acreditada)…, la manifestación y la huelga (pacificas)… y por el contrario, el acatamiento a las leyes citadas y sus castigos por incumplirlas con un delito grave, mentir, descalificar, insultar sin pruebas a fin de que las palabras no se las lleve en viento y los hechos no queden impunes.

Un tío mío, que murió, decía que había dos clases de personas: los gandules y los trabajadores. Yo me inclino limitándolas a buenas y malas personas. Por lo general, si falsean, denigran, faltan al respeto, son malas y, lamento decirlo, pero los políticos son dados a estar entre ellas, cuando deberían ser modelos a seguir e imitar. No me gustaría, pues, hacer política, aunque en mis escritos no pueda dejar de hacerla tratando, no obstante, de ser ecuánime considerando toda opinión, tendiendo a la igualdad y libertad de todos con  respeto, pagando mis impuestos a fin de tener seguridad, sanidad universal gratis e igualdad de oportunidades para estudiar, emprender y ante la justicia defenderme, anteponiendo el bien común al ánimo de lucro con el que obtener el  bien más superior del hombre: la Felicidad, que es lo que este blog de Ciudades Ocupacionales persigue.

jueves, 24 de septiembre de 2026

UNA ÉLITE QUE MANDA MUCHO (Cuatro)

 La mayoría de los políticos y en especial los que ostentan algún cargo de relevancia, formando parte de una élite que manda mucho, son unos genuinos equilibristas del lenguaje haciendo campaña para obtener el voto de la gente en favor de su partido y arrimando el ascua a su sardina.

La ciudadanía, aunque que no es tonta y conoce la expresión antes citada, a veces y principalmente en unas elecciones generales con pocos nombres conocidos, a la hora de depositar en una urna su decisión, no se ha tomado el tiempo necesario para pensársela, dejándose llevar, en un último momento, por las influencias de un gesto, un comentario, una información escuchada en un medio de comunicación, o en definitiva, porque le resta importancia.

Cualquiera debería verse a sí mismo examinando sus preferencias con rigor, así como el contenido que venden los diferentes partidos políticos y sus antecedentes, sus hechos y propuestas, aunque sepamos aquel dicho que dice: “la cabra cambia de pelo, pero no cambia de leche”.

Conviene pues, prestar atención a las técnicas tendenciosas que emplean en general todos los políticos en sus discursos y mítines, en sus debates y entrevistas, para orientar a quienes escuchan. Algunas de ellas, según la IA, son:

Apelar a los problemas cotidianos: empleo, vivienda, seguridad, sanidad… Presentar una alternativa como una elección sencilla: indicando o hacemos esto u ocurrirá aquello… Apelar a emociones: miedo, orgullo, preocupación… Repetición de mensajes: un lema, una frase, una idea … Utilizar ejemplos personales posibles: de una familia, un trabajador, un empresario… Compararse con el adversario: no explicando su programa, confrontando candidatos… Utilizar cifras y datos seleccionados: de los que habrá que preguntarse de dónde proceden, son fidedignos… Utilizar palabras con una fuerte carga valorativa: llamando reformas, inversión, recortes, ayudas... Apelar a la autoridad o al consenso: España necesita…, Europa exige…. Vosotros queréis… Crear una identidad colectiva: españoles, gente, nosotros… Prometer beneficios y advertir de consecuencias: si hacemos esto ocurrirá esto otro… Elegir cuestiones a poner en primer plano: mejor no citar, pues a veces…

Conviene estar al tanto y discurrir los dobles sentidos que emplean, las maniobras lingüísticas que los políticos utilizan y que mejor para ello que preguntarse tres cosas: ¿Qué ha ocurrido reamente? ¿Qué propone el político? ¿Cómo interpreta los hechos?

Pensemos en nuestros beneficios, derechos vitales y en el bien común, olvidando los malos augurios que nos preconice, y considerando la vida personal del político, su ejemplaridad, el carácter con que nos transmite sus palabras, que ¡ojo!, pueden ser a base de persuasión, sofisticación y manipulación, pero la decisión es tuya.

domingo, 20 de septiembre de 2026

UNA ÉLITE QUE MANDA MUCHO (Tres)

  

Tengo entendido que los drogadictos para satisfacerse necesitan, cada vez más, ampliar sus dosis de droga. Al parecer, con la alimentación y el sexo que no están al alcance de todos pasa algo similar y su penuria se convierte en padecimiento habitual, sin ambages, hasta que su suerte cambie y con ella poder gozar. Todo, posiblemente, sea consecuencia del funcionamiento cerebral humano, el cual, para superar las dificultades del hambre y experimentar el sexo no consentido, precise de la fuerza de su voluntad, de una ayuda psicológica o de un correctivo.

En el cerebro se almacenan toda clase de informaciones para establecerse, fuerte y poderosamente, a partir de un determinado tiempo en una costumbre o norma como si fueran inflexibles e inmutables. Pero nada lo es. Tal vez, en su caso, aquello que involuntariamente sin querer quedó en el olvido, impregnado en el silencio de la infancia, oculto tras una membranosa cortina transparente y salga ahora, en la vejez, a relucir para dejarse llevar, ya sin fuerzas, por la resignación.

Es por ello, por lo que el aprendizaje de la niñez se rememora en la senectud a fin de que la mente no se paralice, piense y camine, aunque lo haga con miedo y precaución ante tantos intereses e informaciones falaces a desentrañar. Muchas ideas, sin embargo, apenas si la ancianidad las utiliza y entiende, toda vez que su asimilación le cuesta y no la percibe conscientemente cuestionando su uso y verdad, delegando y confiando, entre otras cosas, porque no tiene otra alternativa.

El tiempo, sus formas y circunstancias pues, mandan mucho, ya que de ellas dependemos: empresas, trabajos y gobiernos (empresarios, trabajadores y burócratas) con capacidades para mover el mundo sembrándolo de sueños y esperanzas para dejar atrás las miserias que aun prevalecen y nadie desea. Lo no deseable es que hicieran lo contrario y, a veces, muchas veces, lo practican.

Demos sueltas a la imaginación para cambiar las leyes que la vida nos arrebata; respetemos la libertad y fortuna de los demás; acortemos las diferencias económicas y sociales; desenmascaremos a los agoreros, corruptos, egoístas y desconsiderados que solo ven el ánimo de lucro y el “san para mí que los santos no comen”, olvidando que, aunque no queramos, todos moriremos. Agreguemos, por tanto, a la élite de la Justicia humana (sobre la que comentamos en entradas anteriores), la alimentación, el sexo y las circunstancias que marcan e influyen sobremanera en el devenir de la vida de la gente, que son cosas imprescindibles propias de nuestra Naturaleza única.

Observemos nuestro estado de ánimo. Percatémonos de su efímera existencia. Comprendamos que todo pasa en un suspiro, dulce o doloroso, y que, al fin de cuentas, son partes de nuestra manera, susceptibles de modificar si, convencidos, nos lo proponemos.