domingo, 22 de febrero de 2026

LA DECISIÓN ES NUESTRA

 

La muerte es un hecho incuestionable e inequívoco, lo único seguro que podemos afirmar sin temor a equivocarnos. Ocurrirá sin saber cómo, ni cuándo, ni dónde, por lo que, teniéndola presente, deberíamos vivir lo mejor posible compartiendo ideas sin necesidad de pelearlos, ni acaparar lo que no nos vamos a llevar.

Estar en desacuerdo puede originar conflictos no deseados por lo que, para no tenerlos, entenderse es la solución, toda vez que “vale más un mal arreglo que un buen pleito”.

Es cierto que, en mayor o menor medida, el mal y el bien existen por razones prolijas de enumerar. Las condiciones de maldad o bondad están en el interior de todos y cada uno de nosotros, con capacidad para controlarlas a través de las sinapsis mentales e impulsos nerviosos naturales, por convencimiento e interés personal y sin necesidad intervención ajena que nos convenza.

La razón propia, es decir, la de uno mismo, es el argumento concluyente para decidirse en un segundo, en un fugitivo instante por una determinada idea y optar por la misma, para mal o para bien, armonizando o no tus opiniones y puntos de vista con los diferentes de los demás y lograr o no un acuerdo.

Los elevados grados de polaridad, radicalidad o extremismo a los que estamos llegando, tendremos que moderarlos y adaptarlos hacia un punto medio “en el que se haya la virtud” a fin de compartir, tolerar y comprender que todo es susceptible de poderse debatir, analizar sin acritud y llegar a culminar en acuerdos con verdadera razón, aunque a ninguna de las partes le convenzan plenamente.

La historia humana, desde su existencia, viene a decirnos que las formas de vivir se transforman a medida que cambian los estados corporales, tanto físicos como anímicos, en los que, en sus infinitos factores, solo la razón puede conciliar. Y, efectivamente, los tiempos en los que se vive son únicos, irrepetibles para cada uno de nosotros, aunque nos dé la sensación de que todos fueron iguales, recurrentes como los días y las noches, aunque la historia nos muestre descubrimientos e invenciones que siempre estuvieron ahí, presentes, dependiendo de nuestro grado de inteligencia, pues como la energía ni se crea ni se destruye, sino que se transforma, sometidos a las limitaciones propias de nuestra especie.

Hoy el mundo gira alrededor del imperio actual de EE. UU., ayer lo fue ante otro y mañana lo será ante un tercero y poco o nada nada podemos hacer personalmente al respecto; por tanto, arbitremos una fórmula para conocernos y saber estar bien consigo mismos y con los demás después para, poniéndonos de mutuo acuerdo, renunciar a todo cuanto nada significa para nosotros sin entregar nuestra alma, la que mantendremos lúcida y viva para que jamás puedan arrebatárnosla.

Nadie mejor que nosotros nos conoce: razonemos y no nos traicionaremos.

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