En el mundo que conocemos (La
Tierra) cada vez más se está produciendo un “retroceso democrático, un
repliegue del liberalismo”, augurando que:
“La larga recesión democrática se
está profundizando y menos del 20% del conjunto de la población mundial vive en
un país libre, evaluados en 167 de ellos, en función de los cinco siguientes
parámetros: los procesos electorales y el pluralismo, el funcionamiento del
Gobierno, la participación política, la cultura política democrática y las libertades
civiles, revelando que solo el 8,4% de la población mundial vive una democracia
plena, mientras un tercio vive bajo un régimen autoritario.”
“Caben muchas razones para
explicarlo: La derecha y la izquierda tienen mucho más en común de lo que
admiten, pese a la visión distinta de la economía y la cultura. El populismo es
una política de identidad radical con la que especulan. La cultura, la inmigración,
la seguridad y la rivalidad fraternal con las que juegan ambas formaciones
políticas escorándose a sus extremos y dejando fuera a sus centros. La brecha
creciente entre la gente ordinaria y las elites distantes, invocando a la
polarización de temas como el feminismo, la justicia social, valores
religiosos, la economía…”
En el Sistema capitalista actual
hay personas físicas y jurídicas que dicen pagar más impuestos de los
que pagan y ganar más de lo que declaran. Inventan cualidades en
productos, mejoras en servicios ineficaces e inexistentes para cobrar más. Ofrecen
ventajas (revisiones, regalos, ofertas no solicitadas) para habituarnos a
ellas y crearnos dependencia y nuevas costumbres. Modifican unilateralmente
condiciones (medidas que a nadie más que a ellos interesan) con las que
justificar las subidas de sus precios. Emiten anuncios y propaganda
falaz equivocando a los consumidores confiados en sus buenas prácticas. Solicitan
permanencia en su provecho con la golosina de una pequeña bonificación. Su
objetivo es ganar más dinero sin reparar en medios, aunque se jacten de
generosidad. No compiten por mejorar los sueldos de sus trabajadores, ni
por aminorar su jornada laboral, ni siquiera por darles una buena preparación pese a las ayudas que reciben. Su prestigio lo basan en sus elevadas
ganancias y solvencia cuando debería residir en la confianza, calidad y precio
de sus productos o trabajos, en las calificaciones merecidas que otorguen sus
clientes, proveedores y público en general. No estimulan ni valoran a la
gente de su plantilla facilitando y repartiendo dividendos con los que pudieran suscribir parte
del capital "de su empresa" y ser unos propietarios más.
Estamos necesitados de un
profundo cambio en la economía y en la mentalidad de quienes la manejan. Se ha de
modificar el objetivo único empresarial (el ánimo de lucro) por el del bien
común de la sociedad para que el que el ánimo del hombre sea el de ser feliz estando
sano, practicando deporte, oyendo música, leyendo, viajando, adquiriendo
conocimientos, paseando, contemplando el cielo...;pues, al fin de cuentas, los
humanos hemos de procurarnos aire limpio para respirar, agua dulce para beber y alimento para comer que únicamente requieren de un trabajo digno con un salario
justo para no ansiar el dinero en el que refugiarnos cuando este solo ha de ser un medio de cambio que, aunque
ayude, no proporciona el bienestar.