Señores diputados (congresistas,
senadores, responsables políticos) les rogaría ordenen a quien corresponda
(imprentas, papelerías, fotocopiadoras) que las listas electorales de todos y
cada uno de los partidos que se presenten a cualquiera elección política, las
hagan en papel menos áspero, más sedoso y aprovechable, diseñado con formas y
medidas adecuadas para que, sin daño alguno, los votantes podamos limpiarnos el
culo con ellas a la hora de hacer nuestras necesidades. Lo indico con el fin de
que en algo les podamos estar agradecidos.
No les importe a sus señorías ser
unos impresentables para el público en general dada la unánime forma del pensar
del pueblo que les vota, estimando que son un “san para mí que los santos no
comen”, con capacidad para emplear doble vara de medir; es decir, ustedes y
los suyos son inocentes, no tienen culpa alguna y todo lo han hecho bien
mientras no se demuestre lo contrario. Los otros, son los culpables que lo
hacen todo fatal y, además, exigen sus cabezas y la renuncia de su cargo para
ocuparlo ustedes. Todo ello en unas cámaras que más parecen cuadras por los
rebuznos que en ellas se oyen.
Un indecente, como la mayoría de
ustedes, también ha de ser Dios, necesitado de terceros para hablar y
comunicarse con todos nosotros, sus humanos servidores. Unas raritas personas
como los Rabinos, Papas, Ayatolas, … y cuantos les siguen en el escalafón,
uniformados como militares y vestidos de distintas maneras como lo hacen jueces
y letrados. Un Dios que ordena ser interpretado como si fuera un general mudo
dirigiendo a sus mandos superiores e intermedios (estudiosos de la fe y el
dogma contrarios a la ciencia y a las leyes naturales) para que éstos, a golpe
de trompeta, dirijan las tropas humanas, en su particular beneficio.
Advertimos a todo fumador
empedernido que nos costó muchísimo quitarnos del tabaco, pese que nos dijeran
que atentaba a nuestra salud y bolsillo. Es más, una vez conseguimos dejar de
fumar, fuimos perseguidores por otros fumadores como hizo San Pablo con los
cristianos; sin embargo, al contrario de tan insigne romano, no nos convertimos
en comerciales de los estanqueros como él lo fue del cristianismo hasta
convertirlo en religión y ostentar más poder que los reyes, aun sin conocer a
Cristo, amigo de pobres y menesterosos. Un cristianismo combatiendo en las
Santas Cruzadas, creando Autos de Fe con la Santa Inquisición echando leña al
fuego, bendiciendo negocios, vendiendo bulas e indulgencias, perdonando los
pecados, anunciando milagros, castigos eternos, prometiendo misterios y dones,
elevando a los altares a santos y, mediante ritos y costumbres, sembrando
consuelos y esperanzas para manejar enormes patrimonios y riquezas.
Los nombrados trepadores tienen
ganancias para sí y los suyos. Son modelos de cómo no hacer las cosas con rigor
y esmero, aunque sepamos que en toda regla hay excepción. La generalidad apunta
que el mayor castigo y dolor suceden cuando a uno le rascan los bolsillos y la
mayoría de los curas y sus señorías los tienen rotos.
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