domingo, 5 de julio de 2026

REVELACIONES ENTRE AMIGOS

 

Transcribo a continuación WhatsApp de un amigo y colega de pádel, de mí misma edad aproximadamente, haciendo alusión a tiempos pasados que nos tocó vivir.

“Efectivamente, -comenzó diciendo- nosotros somos de una generación puente entre el siglo XIX y el XXI.  He visto a mi madre cocinar con tablas en el fogón y usar el soplillo; usar bolas de carbón para la placa y petróleo para el infernillo. También he ido a la carbonería a por un cubo de picón para el brasero y me he lavado en un barreño. En casa teníamos una tinaja en la cocina con cantaros de agua de la fuente e íbamos a por hielo para la nevera y a por leche a la lechería”.

“Mi madre, no podía ir a misa sin el velo en la cabeza. ¡Ah!, y con rebeca. Las viudas guardaban dos años mínimo de luto (negro riguroso) y, apenas, sin salían de casa. Para hablar por teléfono nos daban hora para una conferencia y tenías que ir a la casa de teléfonos a la hora señalada”.

“El practicante nos pinchaba a todos con la misma aguja, una vez la quemaba con alcohol. En el cole he escrito con palillero y plumilla, la que mojaba en el tintero del pupitre. Hice quince meses de “Mili”: tres en Viator -Almería- y doce en África.”

“La verdad es que todo lo anterior no puedo calificarlo de nostalgia, pues son tan solo recuerdos de hace muchos años; tampoco me atrevo a asegurar que el tiempo pasado fue mejor; al revés, soy un convencido de que “la educación silenciosa”, la que todos los niños aprendemos en casa, es hoy más sensata y menos dictatorial en todos los sentidos. Vivimos mejor, con más salud y medios y, aunque la pátina de humanidad vaya chafándose al ser la pasta lo que prima, la conciencia política que ahora se adquiere nos permite respirar libertad de la que entonces en España carecíamos. Tan fácil, como que tú y yo podemos manifestarlo sin que nos metan presos. Sinceramente, creo que en la actualidad es mucho mejor que antes, sobre todo, porque tenemos pádel: ja, ja, ja.”.

“Hasta pronto. Mientras tanto, recibe un abrazo, desde la Coruña, de tu amigo…”.

Cuando nos volvamos a ver -hasta primeros de agosto no será-, le contaré a mi amigo algo que ignora de mí. Le diré que: “Con trece años me marché a Francia con mi madre a vendimiar. Regresamos a España y tres años después tuve que emigrar a Maracaibo para ganarme la vida, dejando a mi madre viuda en casa con los tres hermanos que me seguían en edad. Allí aprendí un oficio relacionado con frigorías y aire acondicionado, pude enviar dinero a mi madre querida y volver a España cinco largos años después para montar un negocio. No vale querer o no querer, hay que adaptarse y aceptar lo que toque, haciendo frente honestamente a las circunstancias que lleguen y siendo una buena persona.

Que nadie ahora me venga con “la prioridad nacional” (canalla, racista e ilegal) añorada por fanáticos, homófobos y nostálgicos franquistas olvidando que el lugar de nacer no se elige, que la Tierra donde vivir es solo una y que el hambre, como la fe, mueve montañas. 

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