“Por sus obras los conoceréis”.
A muchos individuos no hay que
hacerles caso y menos todavía a los que hablan de personas que han muerto, ya
que estas no pueden defenderse y hay que dejarlas reposar en su tumba con el sobrenombre
o título que cada cual haya merecido.
Los tiempos cambian y con ellos
las circunstancias de las vidas humanas, al menos exteriormente, no así sus
mentes o almas que seguirán albergando inmutables y desconocidos misterios aún
por descubrir. El dinero, del que siempre dependemos, lo preservamos a ultranza
antes que luchar por la dignidad, pues de la pobreza nada que no sea pobreza se
podrá obtener; de ahí que los parias del mundo continuarán siendo parias y los
sinvergüenzas de antes ahora también lo serán.
Métodos, fórmulas, estilos, modos
y demás situaciones cambian igualmente, aunque para obtener los peculios
necesarios con los que poder comer, no lo hagan los religiosos católicos
modificado la simonía ni la transubstanciación; ni los políticos dejen de mentir,
denigrar, insultar, levantar falsos testimonios a sus opuestos
correligionarios; ni los periodistas desistan de ensalzar, impactar o llamar la
atención de lectores o escuchantes con sus noticias o comentarios; ni los
emigrantes renunciando a los trabajos
pesados o duros para que sean absorbidos por máquinas y así sucesivamente con
cada una de las múltiples actividades existentes. No obstante, el mundo en
movimiento no se puede detener y como la energía, que ni se crea ni se
destruye, los hombres nos transformamos, lo que viene a resolver que siempre
deberemos estar ocupados porque, entre otras cosas, nos será imposible dejar
nuestra mente en blanco y tendremos que pensar, sentir, resolver, decidir… y,
por supuesto, adaptarnos y aceptar para mejorar nuestra inevitable evolución y
dulcificar nuestra existencia.
Dicho esto, me vengo a preguntar:
¿Hacía donde nos llevan nuestros políticos? La repuesta la tendrán que dar cada
uno de ellos conforme a su idiosincrasia; ahora bien, cave al respecto hacerse
otra y más importante pregunta: ¿Qué y cómo se postulan cada uno de los
partidos políticos que tenemos? ¿Cuáles han sido sus hechos desde que fueron
constituidos? ¿Cuáles sus intenciones de futuro y a quienes les convienen? ¿Con qué bases, razones, criterios se
sustentan?
La oportunidad no es sino un
principio ocasional y del momento. Nada que ver con la armadura y solidez de
otros principios vitales e imprescindibles a los que no hay que renunciar y
mantener. El más elemental es el de la supervivencia necesitada de alimentos,
salud, cobijo y educación. El segundo es el bien común general para todos los
hombres, sean de donde sean y provengan de donde provengan. El tercero es la
libertad individual, ampliable a la mayoría de los demás, para lo cual surge el
respeto hacia el otro y la propia responsabilidad de cada cual.
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