En China (decima, última y
adicional entrada de un viaje en familia a China).
En un día imaginario, cuando
cesen las guerras, los hombres comenzarán a ser libres. Todos ustedes y un
servidor ya no estaremos aquí y la humanidad hará honor a su nombre iluminada
por una paz que inste a los hombres a vivir en armonía, sin restricción de
alimentos ni cobijos, sin injusticias ni desigualdades, en un orden mundial
gobernado por una revolucionaria I.A. o algo parecido privada de toda Ley.
Por cierto, aunque tarde, nos han
devuelto el importe de las entradas a la muralla.
Las habitaciones por las que
pasamos gran parte de nuestras vidas no solo sirven para dormir, comer,
escuchar la radio, ver la televisión, escribir, pensar, movernos y descansar,
sino también para refugiarnos del frío y el calor regulando la temperatura con
aparatos de aire acondicionad, al tiempo que nos podemos satisfacer realizando
nuestras necesidades básicas: orinar y defecar, reír y llorar, copular estando
acompañados o masturbarse en soledad sin gasto alguno.
Todo ello es posible aun estando
en un país extraño como China donde, desde el primer momento que llegamos, nos
emocionamos comenzando a vivir entre su gente, observando sus conversaciones,
actitudes y comportamientos, valorando sus gestos y sensaciones, oyendo sus
voces que eran muy altas, como las muchos españoles que, sin saber el motivo,
sabíamos que no estaban enfadados.
Permítanme ciertas licencias y
consideraciones en la última entrada sobre el tema.
Nunca desearé ni para mi país, ni
para ningún otro, un régimen dictatorial. Tampoco para China que lo es, como
otras muchas naciones más. De España, Franco, indicaría: “es una democracia
orgánica” evitando decir que era una dictadura. En este país tan grandioso,
observé que apostaron por la prevención y la seguridad en base a restringir la
delincuencia y la libertad; algo que todo país debería sopesar por dos razones:
Una, porque la vida de los hombres es efímera y las molestias se pueden superar
y dos, porque se confunde la libertad con libertinaje olvidando, a veces, el
respeto humano que la liberta de todos merece.
La
seguridad es sumamente importante. Sin ella la libertad carece de sentido. Procurémosla anticipándonos a los individuos
que roban y matan, que ponen bombas en lugares concurridos y que, de ser
detenidos, apenas si tienen castigo. Nada que ver con la mayoría de gente
normal y corriente que, al contrario que tales bandidos, tememos y respetamos
la vida sana, de lo cual ellos se aprovechan. Noté que la totalidad de las
motos eran eléctricas, sin emitir ruidos ni contaminar al igual que las
bicicletas de alquiler que proliferan en las ciudades. Me admiró ver cambiar
los asientos del tren en un instante y sin molestias a los pasajeros, para que
éstos fueran sentados de frente al sentido de su marcha. Repasé la Ley del hijo
único para comprender su transcendencia; un tremendo error del que aún hoy
perduran sus consecuencias (1). Tomé nota que entre varias de sus ciudades
reúnen más habitantes que España entera. Procuré enterarme de otras cuestiones
generales que simplifico: la sanidad es pública, pero no universal ni gratuita,
con un copago en las medicinas y un sistema de seguro médico y residencial: el
hukou (urbano y rural) que genera amplias disparidades entre dichas zonas. La
educación está centralizada y competitiva actualmente, obligatoria durante
nueve años (primaria y secundaria) y la básica es gratuita. Las diferencias
económicas y sociales son muy exageradas, necesitadas de reformas importantes,
tanto en los servicios públicos básicos citados como en las pensiones, vivienda
y otras como la falta de mano de obra (2). Supuse la intervención de una mano
en la propaganda aludiendo a que China tiene un sistema político llamado
República Popular China, un país socialista bajo la dictadura democrática
popular, liderada por la clase trabajadora y basada en la alianza entre
trabajadores y campesinos (3). Me convencí de que a las autoridades les
preocupa cada vez más que la IA (por la que han apostado muy fuerte) pueda
exacerbar los problemas sociales existentes, como la soledad, el desempleo y,
desde la perspectiva de Pekín, la soltería, donde hablar con la IA (con la que educan también a menores en las escuelas) es
ahora algo tan común en China que sería difícil para el Gobierno acabar con
esta práctica por completo. Y, por terminar, me informé que la brecha económica
entre ricos y pobres es enorme, tanto como las diferencias sociales entre las
ciudades y las zonas rurales, aunque según la narrativa oficial del partido,
el socialismo con características chinas es el marxismo-leninismo
adaptado a las condiciones de la población china, es decir, un producto del
socialismo científico que las elimina, pero no las diferencia (¿) y cuyo
objetivo es que todos tengan sus necesidades satisfechas en una economía
planificada (¿) produciendo lo suficiente y trabajando todos con arreglo a sus
posibilidades. Expresado lo cual, repetimos que las diferencias sociales y
económicas en la actual China son extremadamente marcadas por: severa
desigualdad económica, disparidad entre lo urbano y lo rural, persistencia de
las mismas elites de antes y dependiente de la riqueza que mantiene a una
sociedad de consumo
Ciertamente, acertar con medidas
justas para toda la población es imposible, pero estando la mayor parte del
capital en un menor número de personas, el resto, los más desfavorecidos por
ella, son mayoría con capacidad para arbitrar medidas que resten las enormes
diferencias, y eso se consigue, entre otras cosas, votando si o si a
partidos con ellos comprometidos, regulando los impuestos, el arma de paz más
poderosa para las economías que, dependiendo de los hechos, circunstancias y
resultados, podrán anular, incrementar o disminuir los mismos de manera que el
capital no salga favorecido (::Patrimonio, Sucesiones, Donaciones, Dividendos,
Anónimas, Asociaciones, Cooperativas e, incluso, determinadas rentas del
trabajo,…::) a fin de liberar, incentivar o regularizar los distintos tipos de
producción y tratar que las diferencias económicas no sean abismales entre unos
y otros como ahora sucede entre empresarios, rentistas, directivos, políticos,
intermediarios, campesinos, obreros… y su puesta en práctica revista un
bienestar general en las clases pobres que, en cualquier caso, puede ser
rectificado.
Que el gusto por la vida, por
vivir, por ser feliz, estremezca a la población, ocupando a toda persona
física en un menester, sea ésta económicamente propietaria o inquilina, pobre o
rica, afortunada o desafortunada, donde
la pobreza esté abolida y la libertad de creencia, aquella que no practique el
proselitismo de la violencia, se ejerzan libre y humildemente, dejando de ser
la misma un lucrativo negocio que, en su caso, como cualquier otra actividad,
se someta a las leyes de todos y sus correspondientes impuestos.
Guardar tradiciones y costumbres
no supone dejar de adquirir otras diferentes. Razón de más para que nos
interese aprender nuevos métodos y sistemas y…
entonces, ¿por qué no incorporar un tenedor y dos palitos en los cubiertos
de todos los restaurantes?
Recibid un cordial abrazo.
(1) La política del hijo único
fue una medida de control de natalidad implementada en China entre
1979 y 2015 para frenar el crecimiento demográfico y la pobreza
extrema. Se estima que esta política evitó entre 300 y 400 millones
de nacimientos, contribuyendo al desarrollo económico al reducir la carga de la
superpoblación y permitir concentrar recursos. Sus consecuencias: un rápido
envejecimiento de la población; un severo desequilibrio de género, abortos,
esterilizaciones y otras. Una política que desapareció en el 2021.
(2) El gobierno del Partido
Comunista Chino no tolera a las empresas capitalistas como entidades
independientes. Por tanto, las integra a su control político y económico
(vetando o supervisando sus decisiones, nacionalizando o absorbiendo las
mismas, fijando sus políticas o convirtiéndolas, como la mayoría, en públicas)
y las tolera mientras no cuestionan el poder del régimen y alinean sus
intereses con los objetivos estatales. En resumen, el
capitalismo en China opera bajo la “mano invisible” del PCCh donde las empresas
son herramientas para el poder estatal y su supervivencia depende de la
obediencia política absoluta.
(3) China
no es un país comunista en el sentido teórico clásico, sino que opera bajo un
sistema de “socialismo de mercado con características chinas, donde convive una
economía capitalista bajo un control autoritario; si bien, la historia apunta
que el
partido comunista se fundó el 1921 y se convirtió en la formación política más
influyente del país. En el año 1949, en la Guerra Civil China, el Ejército del
partido denominado Ejército Popular de Liberación, derrotó a los nacionalistas
del Kuomintang (KMT).
Gran trabajo, enhorabuena y gracias, muy interesante conocer el mundo chino , es único. Un abrazo
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