El planeta Tierra, no necesariamente
está al servicio de la humanidad y, como “nada se crea ni se destruye, sino que
todo se transforma” aunque se diga también “que todo llega a su fin”, debió de surgir
para desarrollar la existencia de vida dándose las condiciones adecuadas. Y con
los componentes que la forman, los organismos y seres vivos que la poblamos, y
en ella coexistimos, interferimos en su recorrido alterando sus primigenias circunstancias.
La naturaleza humana precisa de
alimentos (agua, luz y calor), sexo (masculino y femenino) para reproducirnos y
asociarnos, pues en ello nos va la vida. Sin embargo, nuestros organismos constituidos
por elementos físicos y anímicos, conforme se fueron transformando a las
circunstancias, surgieron nuevos métodos e ideas atenazadas por los sentimientos.
Así es como pensamos que nació todo cuanto existe e, ignorando quién pudo
hacerlo, inventamos dioses y seres superiores como explicación, a los que atribuimos
inmensos poderes justificando lo desconocido y, entre ellos incluidos, los fenómenos
naturales sucedidos.
Fue nuestra ignorancia la que nos
hizo tomar el libre camino de la ciencia para saber que, después de los
organismos propios para la vida, dieron comienzo los vegetales y animales en
sus distintas especies, entre los cuales nos encontramos nosotros: animales
racionales con muy diversos géneros, simplificados en masculino y femenino que,
para continuar, como el resto de los seres vivos, necesitamos alimentarnos y
reproducirnos. No obstante, desde nuestros comienzos los sentimientos del miedo,
la veneración y otros, fueron aprovechados por algunos espabilados para dar
forma a la fe y a las creencias que, derivaron en religiones, dogmas, filosofías,
confesiones, … acerca de la conducta individual y social para establecer un
culto mediante ritos y prácticas repetitivas modulando los cerebros.
La soledad no forma parte de la Naturaleza
humana, por lo que nos necesitamos entre sí, mutuamente, debiendo de mirar no
solo por nosotros mismos sino por el bien común y dejarnos de conflictos, enfrentamientos
y guerras en las que todos perdemos, sabiendo, además, que aisladamente desapareceríamos.
Seamos seres libres poniéndonos
de acuerdo, tolerando las ideas de los demás y cediendo todos un poco sin que
nadie nos tome por tontos; rechacemos las políticas y religiones que traten de
imponerse para enfrentarnos y separarnos, pues ninguno de nosotros eligió ni cuándo
ni donde nacer para evitar encontrarnos con unos bandidos y sinvergüenzas que
con sus mensajes mentirosos e interesados abusan de gente buena y desfavorecida,
de niños, mujeres, emigrantes…
¡Ojo! Que son individuos que los
hay bien formados, con estudios y carreras, a los que solo les importa el dinero
y emplean medios políticos y religiosos para ello. Son peligrosos, agresivos y
mentirosos en sus discursos que “se las cuelan al más pintao”.
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