domingo, 28 de junio de 2026

LA VERDAD SIEMPRE EMERGE EN LA LUZ

 

Hay quien dice, y seguramente no le falta razón, que Trump sufre algún tipo de trastorno mental u otra enfermedad de característica similar o parecida, debido a la arrogancia que emplea sabiéndose el mejor, el más persuasivo y dominante, el que nunca se equivoca convencido de que su verdad es la auténtica razón.

Hay políticos que aspiran al poder para gobernar cuando en realidad pretenden sacar provecho económico, directa o indirectamente. Algunos son más propensos y permisivos: los que gozan de un carácter conservador basado en un objetivo de libertad capitalista tendente a la desigualdad y al lucro, y otros, los progresistas, abrazando una libertad social con tendencia a la equidad y el bien social.

De los españoles su puede decir, sin lugar a errar, que todos somos mestizos, pues en la Península Ibérica confluyeron y se asentaron diversas culturas y civilizaciones: íberos, celtas, celtíberos, fenicios, judíos, griegos, romanos, visigodos, suevos, vándalos, alanos, musulmanes, bereberes, sefardíes y todos dejaron sus huellas, por lo que cabe suponer que, salvo los vascos (posiblemente el único genuino idioma peninsular) seamos una mezcla de todos ellos.

¿Somos los españoles muy dados a generalizar?

No existen razones para afirmarlo, aunque, merced a la férrea dictadura sufrida, cuyos ecos aún nos retumban, tuviéramos que no individualizar las cosas y suavizar el lenguaje en evitación de algún tipo de reprensión. No obstante, nos queda lo aprendido en nuestra infancia: tratar de no molestar ni meter la pata o, por el contrario, complacer vivamente al mayor número de personas, toda vez que es más fácil no personalizar y difuminar la responsabilidad.

No es de personas inteligentes creer sin más o a pies juntillas, pese a que la fe nos asista y digan que mueve montañas. Renunciar a entender lo que sobrepasa al entendimiento es rendirse de antemano. Deberemos luchar cuando se trata de un asunto capital, cuando la cuestión merezca la pena, cuando nuestra vida esté en juego. Mientras tanto, hemos de saber que una sola verdad no existe, pues son muchas las existentes y todas quieren dominar en los corazones de los hombres. Sin embargo, cada uno de nosotros confiamos en que la nuestra es la legítima; eso sí, hasta que un desengaño o convencimiento nos lo corrige.

Somos únicos. No existe la igualdad, aunque la gente de a pie propaguemos que hemos de tender hacia ella o, al menos, gozar de las mismas oportunidades saliendo a competir desde el mismo sitio: algo virtualmente imposible. Hemos de saber que cada uno de nosotros tenemos alguna peculiaridad a descubrir o es ya conocida. Esta, nos hará más fuertes, importantes e influyentes si la potenciamos adecuadamente. No nos impacientemos y aceptemos las cosas como vengan buscando el camino propio que nos identifique y acertaremos, ya que la luz siempre emerge del mismo modo que la verdad.

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