domingo, 8 de noviembre de 2026

UNA HISTORIA DE ESPAÑA PROHIBIDA

 

En España, allá por mi novecientos treinta y seis, parte del ejército español que, había jurado lealtad a su pueblo y al gobierno republicano recién elegido, se alzó en armas contra el propio pueblo y gobierno, es decir, contra todos los ciudadanos desarmados que tuvieron que ser defendidos por otra parte de militares que no se unieron a los sublevados. Fue una rebelión armada que quiso imponer su criterio desestabilizando el orden democrático existente de la II República, legalmente establecida. Es decir, los que se hicieron llamar nacionales iniciaron una guerra cruel entre españoles hermanos tan solo por pensar de forma diferente como si los que, a la postre perdieron, no fueran nacionales y españoles también. Una guerra bélica horrible con un millón de muertos (se dice) y otra no militar y silenciosa llena de intenso odio y desprecio a prisioneros y exterminados, a todos cuantos fueron sacrificados hasta años después de la muerte del dictador, en noviembre de 1975. El mayor genocidio conocido en España, merced a un amorfo déspota que unos lo sitúan quemándose en los horribles infiernos y otros en los altares de unos cielos oscuros coronados de hojas secas de laurel, una vez muerto por la gracia de Dios.

En un principio no había más razón para comenzar una guerra, por mucho que cada cual lo explique a su manera, que los distintos pensamientos de los españoles como ahora sucede y siempre sucederá. Algo preocupante porque la historia se repite y las “dos Españas” cobran sentido. Una nacional, exclusiva y cerrada. Otra, internacional, universal y abierta. Un dilema en el que jamás nos pondremos de acuerdo, aunque las distancias no sean interminables como el día y la noche.

Conocemos el camino recorrido por el dictador hasta su muerte, basado en una España dolosa y cruel que le pertenecía y en la que mandaba por completo junto a unos pocos de su caterva, manteniendo una ley y un orden a su antojo, mientras el resto de la población vivía callada, obligada a sus expensas y bajo su sombra.

El proselitismo fue espeso y convincente en una sola dirección, imperando el gusto por la austeridad, sin permitir una réplica, con un “Movimiento Nacional” férreo en manos de una iglesia católica que, salvo excepciones, no emulaba a Cristo sino a su Generalísimo Franco, su salvador, al que bajo palio y alabanzas lo conducían a las aras de sangre manchadas, sabedores de sus crímenes y de haber sido un traidor a la II República. Y, hasta su muerte, la guerra callada permaneció entre el miedo de los vivos y los muertos desaparecidos, por mucho que los “nacionales” hablaran de 25 años de paz, de Una, Grande y Libre cuando España no era nada de eso, siendo el culo del mundo gobernada por un tirano.

Su muerte dio un respiro a los mudos que sabían de sus hechos en vida, aunque algunos agradecidos quisieron perpetuar su régimen dictatorial establecido, pero por suerte no les fue posible, merced a que una bomba de ETA acabó con la vida de su sucesor. No obstante, se acordó una pacifica Transición elogiada por mucha gente, entre la que este autor se incluye, perdonando a los verdugos sin que las heridas fueran restañadas, ni debidamente curadas, pese a haber transcurrido cuarenta años desde el victorioso Alzamiento militar de unos sublevados perjuros y musulmanes. Una Transición equivocada porque las instituciones y los cargos que mandaban, dirigiendo y dominando, no se cambiaron y siguieron siendo los mismos: jueces, fuerzas del orden público (militares, guardia civil, policía), organismos públicos, políticos, maestros instruidos en “la formación del Espíritu Nacional” y todo ello sin dar pábulo a las escuelas para que nos dijeran la verdad permitiendo a sus organizaciones, en especial a la FE y las JONS (Falange Española y de la Juntas Ofensiva Nacional Sindicalista) que, contrarias a la democracia, quedaron y permanecen todavía considerándose los genuinos españoles mientras  los demás o son apátridas o de otra nación porque no piensan como ellos.

Desde la puesta en marcha de la Constitución española de 1981 hasta hoy, 2026, pasados cuarenta y cinco años, la alternancia en el poder político que nos gobierna ha cambiado de signo varias veces y, sin embargo, aun sigo escuchando el Cara al Sol de los vencedores de una guerra sangrienta entre hermanos, que nos hace revivir aquellos nacionalismos malditos de antaño, que a unos les causa nostalgia recordando una dictadura perdida y a otros les evoca la mayor mortandad dada en toda la historia de España, que una vez muerto su causante, ni ha sido estudiada en las escuelas para que los niños la aprendieran, ni nos hemos puesto de acuerdo para que se editara, por lo que es y sigue siendo una asignatura pendiente de una Historia Prohibida.

¿Podría pasar hoy -noviembre de 2026- lo mismo que entonces, en 1936?

La pinta apunta que no se anda descaminado, pues jamás desde entonces se ha vivido con tantos insultos, descalificaciones y burradas de todo tipo como las de ahora. Públicamente las cruzan los políticos, periodistas, influyentes, publico en general entre sí, aunque la palma se las lleve los radicales de derechas principalmente contra los socialistas que están en el poder. Ganas me dan de mandar a mierda a tanta gente, en especial a los dirigentes, que lo único que saben es medrar, ganar confianzas para permitir a los suyos robar y aprovecharse de una clase trabajadora a la que culpan de todos los males para dejarlos en la indigencia. Y eso no es todo, la propaganda, los mensajes, las comunicaciones y los hechos que nos transmiten son en su mayor parte falacias para criminalizar a sus contrarios, aunque todos sepamos aquello de que “cree el ladrón que todos son de su condición” y lo practican.

Es todo un guirigay para que nadie se aclare y ante tanta mierda ganancias de pescadores. Es muy difícil que la gente de abajo, pobre, humilde, sencilla, pueda rebelarse. Al contrario, la clase de arriba, la rica, la poderosa, la influyente, la que ya el 23 de febrero de 1981, de infausta memoria, el teniente coronel Tejero volvió a dar a dar un golpe de estado que, afortunadamente, fue frustrado.

Menos mal, supongo, que las Fuerzas Armadas de España están intelectualmente mejor dotadas y tienen en su poder -valga la redundancia- la fuerza de las armas, aunque las reminiscencias queden sin que jamás todo se olvide. 

Hoy, a las puertas de unas nuevas elecciones para formar un nuevo gobierno, no existe un debate público por ninguno de los contendientes para que los aspirantes sean creíbles por los ciudadanos. Espero que así no lo sea, pues sería una pena no ver una confrontación dialéctica. El ambiente esta pervertido, no tanto por los últimos adelantos tecnológicos como la Inteligencia Artificial (IA) tramposa, que también, sino por los propios partidarios que mienten, engañan, difaman y emplean argucias de mal gusto para que la gente de a pie sepa a quien no elegir; algo que, por desgracia, sucede al revés por ser el pueblo, en su mayoría, personas confiadas, creyentes y de buena fe que, a veces, por disposiciones se equivoquen.

Todos los habitantes de España son parte de la misma nación y han de ser españoles sin complejos que mutuamente se respeten y remen en la misma dirección para hacer un país importante, aunque unos canten El Cara al sol y otros La internacional, aunque sus susceptibilidades discrepen en el fondo y en la forma, aunque no se pongan de acuerdo parar lograr su objetivo político y éste se alcance por mayoría, aunque ignoren que el principio fundamental de la humanidad estriba en lograr personal e individualmente su felicidad.

La que deseo para todos vosotros, amigos lectores.

 

1 comentario:

  1. Gracias por recordarnos tan claramente la historia reciente de nuestro querido pais

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