sábado, 8 de agosto de 2026

LEAMOS SIN PRISA Y PARÉMONOS A PENSAR

 

He leído en algún sitio que “quien cuenta la historia crea el mundo”.

Supongo que algo de verdad hay en ello, sin embargo, los hombres necesitamos tener siempre alguna cosa que hacer, una empresa que emprender, un motivo por el que vivir dado que todo ello forma parte de nuestra Naturaleza. Lo nulo, amorfo o la quietud son circunstancias contrarias del alma que conducirán a la muerte.

“El principal problema consiste en tener una ingente cantidad de tiempo libre”, aunque “todo lo mejor se adquiere a costa de lo peor” y “las diferencias económicas residen en más riquezas de unos pocos y mayor pobreza de muchos”.

“Hay que diferenciar entre capacidades y tendencias”. La adaptación nada tiene que ver con la aptitud y sí con la conformidad la cual, una vez aceptada, genera acomodo y, tal vez, resentimiento que a nada bueno conduce.

El hombre sapiens no tienen derecho a criticar ningún tipo de descubrimiento e invento científico porque éstos sean un fracaso y sus efectos negativos supongan un retroceso a la mayoría de la humanidad. La luz, por ejemplo, nos permite rapidez en las comunicaciones, ver en la obscuridad y, a veces, puede ser dañina, pero sus efectos positivos son superiores permitiéndonos progresar a todos.

Progreso es lo que beneficia a mayor número de personas, como lo es la felicidad y esta solo se puede conseguir mediante la eliminación de la pobreza, algo que aún es una entelequia, pesa sobre la totalidad de la especie humana y es una desgracia primaria por evitar sin la cual ¿qué clase de progreso se puede tener?

Las abismales diferencias económicas entre pobres y ricos han de encogerse para que, como la vida y la muerte, formen parte de nuestro origen y evolución, dando continuidad a un futuro incierto que está por llegar.

“¿Cómo se puede decir, por ejemplo, que EE. UU. es el país más próspero de la historia cuando en él se encarcela a los enfermos mentales, se niega la atención médica básica a millones de habitantes, donde uno de cada cinco niños se acuesta con hambre noche tras noche y hay 47 millones de personas que están por debajo del umbral de la pobreza y otros tantos miles lo rebasan por los pelos? Eso es un disparate; sin embargo, las cifras del patrón estadístico de la media de su riqueza así lo contemplan. Eso sí, son el paradigma de la libertad. Pero ¿quién desea tener libertad si se muere de hambre, si no puede pagar la curación de su enfermedad, si carece de un techo donde descansar y cobijarse, si adolece de conocimientos?

No hace tanto, estuve en Nueva York y contemplé con tristeza largas colas de mendigos portando una lata para recoger comida de la caridad. Comer y dormir en paz son el imprescindibles para los hombres; sin ellos, carecerían de la libertad que algunos políticos prometen basándose en estadísticas medias para obtener los votos de necios e ignorantes que se los creen.

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