He leído en algún sitio que
“quien cuenta la historia crea el mundo”.
Supongo que algo de verdad hay en
ello, sin embargo, los hombres necesitamos tener siempre alguna cosa que hacer,
una empresa que emprender, un motivo por el que vivir dado que todo ello forma
parte de nuestra Naturaleza. Lo nulo, amorfo o la quietud son circunstancias
contrarias del alma que conducirán a la muerte.
“El principal problema consiste
en tener una ingente cantidad de tiempo libre”, aunque “todo lo mejor se
adquiere a costa de lo peor” y “las diferencias económicas residen en más
riquezas de unos pocos y mayor pobreza de muchos”.
“Hay que diferenciar entre
capacidades y tendencias”. La adaptación nada tiene que ver con la aptitud y sí
con la conformidad la cual, una vez aceptada, genera acomodo y, tal vez,
resentimiento que a nada bueno conduce.
El hombre sapiens no tienen
derecho a criticar ningún tipo de descubrimiento e invento científico porque
éstos sean un fracaso y sus efectos negativos supongan un retroceso a la mayoría
de la humanidad. La luz, por ejemplo, nos permite rapidez en las
comunicaciones, ver en la obscuridad y, a veces, puede ser dañina, pero sus
efectos positivos son superiores permitiéndonos progresar a todos.
Progreso es lo que beneficia a
mayor número de personas, como lo es la felicidad y esta solo se puede
conseguir mediante la eliminación de la pobreza, algo que aún es una
entelequia, pesa sobre la totalidad de la especie humana y es una desgracia
primaria por evitar sin la cual ¿qué clase de progreso se puede tener?
Las abismales diferencias
económicas entre pobres y ricos han de encogerse para que, como la vida y la
muerte, formen parte de nuestro origen y evolución, dando continuidad a un
futuro incierto que está por llegar.
“¿Cómo se puede decir, por
ejemplo, que EE. UU. es el país más próspero de la historia cuando en él se
encarcela a los enfermos mentales, se niega la atención médica básica a
millones de habitantes, donde uno de cada cinco niños se acuesta con hambre noche
tras noche y hay 47 millones de personas que están por debajo del umbral de la
pobreza y otros tantos miles lo rebasan por los pelos? Eso es un disparate; sin
embargo, las cifras del patrón estadístico de la media de su riqueza así lo
contemplan. Eso sí, son el paradigma de la libertad. Pero ¿quién desea tener
libertad si se muere de hambre, si no puede pagar la curación de su enfermedad,
si carece de un techo donde descansar y cobijarse, si adolece de conocimientos?
No hace tanto, estuve en Nueva
York y contemplé con tristeza largas colas de mendigos portando una lata para
recoger comida de la caridad. Comer y dormir en paz son el imprescindibles para
los hombres; sin ellos, carecerían de la libertad que algunos políticos
prometen basándose en estadísticas medias para obtener los votos de necios e
ignorantes que se los creen.
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