jueves, 24 de septiembre de 2026

UNA ÉLITE QUE MANDA MUCHO (Cuatro)

 La mayoría de los políticos y en especial los que ostentan algún cargo de relevancia, formando parte de una élite que manda mucho, son unos genuinos equilibristas del lenguaje haciendo campaña para obtener el voto de la gente en favor de su partido y arrimando el ascua a su sardina.

La ciudadanía, aunque que no es tonta y conoce la expresión antes citada, a veces y principalmente en unas elecciones generales con pocos nombres conocidos, a la hora de depositar en una urna su decisión, no se ha tomado el tiempo necesario para pensársela, dejándose llevar, en un último momento, por las influencias de un gesto, un comentario, una información escuchada en un medio de comunicación, o en definitiva, porque le resta importancia.

Cualquiera debería verse a sí mismo examinando sus preferencias con rigor, así como el contenido que venden los diferentes partidos políticos y sus antecedentes, sus hechos y propuestas, aunque sepamos aquel dicho que dice: “la cabra cambia de pelo, pero no cambia de leche”.

Conviene pues, prestar atención a las técnicas tendenciosas que emplean en general todos los políticos en sus discursos y mítines, en sus debates y entrevistas, para orientar a quienes escuchan. Algunas de ellas, según la IA, son:

Apelar a los problemas cotidianos: empleo, vivienda, seguridad, sanidad… Presentar una alternativa como una elección sencilla: indicando o hacemos esto u ocurrirá aquello… Apelar a emociones: miedo, orgullo, preocupación… Repetición de mensajes: un lema, una frase, una idea … Utilizar ejemplos personales posibles: de una familia, un trabajador, un empresario… Compararse con el adversario: no explicando su programa, confrontando candidatos… Utilizar cifras y datos seleccionados: de los que habrá que preguntarse de dónde proceden, son fidedignos… Utilizar palabras con una fuerte carga valorativa: llamando reformas, inversión, recortes, ayudas... Apelar a la autoridad o al consenso: España necesita…, Europa exige…. Vosotros queréis… Crear una identidad colectiva: españoles, gente, nosotros… Prometer beneficios y advertir de consecuencias: si hacemos esto ocurrirá esto otro… Elegir cuestiones a poner en primer plano: mejor no citar, pues a veces…

Conviene estar al tanto y discurrir los dobles sentidos que emplean, las maniobras lingüísticas que los políticos utilizan y que mejor para ello que preguntarse tres cosas: ¿Qué ha ocurrido reamente? ¿Qué propone el político? ¿Cómo interpreta los hechos?

Pensemos en nuestros beneficios, derechos vitales y en el bien común, olvidando los malos augurios que nos preconice, y considerando la vida personal del político, su ejemplaridad, el carácter con que nos transmite sus palabras, que ¡ojo!, pueden ser a base de persuasión, sofisticación y manipulación, pero la decisión es tuya.

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