La mayoría de los políticos y en especial los que ostentan algún cargo de relevancia, formando parte de una élite que manda mucho, son unos genuinos equilibristas del lenguaje haciendo campaña para obtener el voto de la gente en favor de su partido y arrimando el ascua a su sardina.
La ciudadanía, aunque que no es
tonta y conoce la expresión antes citada, a veces y principalmente en unas
elecciones generales con pocos nombres conocidos, a la hora de depositar en una
urna su decisión, no se ha tomado el tiempo necesario para pensársela,
dejándose llevar, en un último momento, por las influencias de un gesto, un
comentario, una información escuchada en un medio de comunicación, o en
definitiva, porque le resta importancia.
Cualquiera debería verse a sí
mismo examinando sus preferencias con rigor, así como el contenido que venden
los diferentes partidos políticos y sus antecedentes, sus hechos y propuestas,
aunque sepamos aquel dicho que dice: “la cabra cambia de pelo, pero no
cambia de leche”.
Conviene pues, prestar atención a
las técnicas tendenciosas que emplean en general todos los políticos en sus
discursos y mítines, en sus debates y entrevistas, para orientar a quienes
escuchan. Algunas de ellas, según la IA, son:
Apelar a los problemas
cotidianos: empleo, vivienda, seguridad, sanidad… Presentar una
alternativa como una elección sencilla: indicando o hacemos esto u
ocurrirá aquello… Apelar a emociones: miedo, orgullo,
preocupación… Repetición de mensajes: un lema, una frase,
una idea … Utilizar ejemplos personales posibles:
de una familia, un trabajador, un empresario… Compararse con el
adversario: no explicando su programa, confrontando candidatos… Utilizar
cifras y datos seleccionados: de los que habrá que preguntarse de dónde
proceden, son fidedignos… Utilizar palabras con una fuerte carga
valorativa: llamando reformas, inversión, recortes, ayudas... Apelar
a la autoridad o al consenso: España necesita…, Europa exige…. Vosotros
queréis… Crear una identidad colectiva: españoles, gente,
nosotros… Prometer beneficios y advertir de consecuencias: si
hacemos esto ocurrirá esto otro… Elegir cuestiones a poner en primer
plano: mejor no citar, pues a veces…
Conviene estar al tanto y
discurrir los dobles sentidos que emplean, las maniobras lingüísticas que los
políticos utilizan y que mejor para ello que preguntarse tres cosas: ¿Qué ha
ocurrido reamente? ¿Qué propone el político? ¿Cómo interpreta los
hechos?
Pensemos en nuestros beneficios,
derechos vitales y en el bien común, olvidando los malos augurios que nos
preconice, y considerando la vida personal del político, su ejemplaridad, el
carácter con que nos transmite sus palabras, que ¡ojo!, pueden ser a base de
persuasión, sofisticación y manipulación, pero la decisión es tuya.
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