sábado, 14 de febrero de 2015

EL HARAQUIRI DE VARGAS LLOSA

El pueblo griego, como ningún otro pueblo, por mucho que el señor Vargas Llosa lo afirme, no se ha hecho el haraquiri. En su blog de El País del domingo, con el título EL Haraquiri, Vargas Llosa comenzaba diciendo que “el haraquiri es una noble tradición japonesa en la que militares, políticos,…” Nada de noble y mucho de bárbara, eso es lo que tiene tal tradición; comparable al romanticismo que pueda tener cualquier suicidio.
Es una obviedad que la gente quiera mejorar, por lo que un pueblo nunca se hará el haraquiri. Ni siquiera se lo hicieron los países que citaba tan insigne escritor: “Argentina, Venezuela –en ocho ocasiones-  y la Alemania de Hitler”. Siempre existe algo o alguien que, en un régimen democrático, de menor o mayor arraigo, provoca a la colectividad decantarse en favor de tal o cual partido para que determine la manera de gobernar. Los ciudadanos confían en que sus votos no les llevarán a peor situación y, menos aún, al matadero. La historia nos ha dado razones, incluso, sufriendo revoluciones cruentas y la literatura se ha hecho eco de ellas.  Revoluciones como la francesa, la soviética… son muestras de justificaciones que, con carácter general, podemos atribuirlas a situaciones económicas dolosas donde las riquezas prevalecían sobre el hombre. Cada vez que hablo de estas cosas no puedo reprimir evocar barcos negreros cruzando el Atlántico entre África y América, la explotación sangrienta que tuvo lugar en el Congo…. e imagino Autos de fe llevados a cabo y veo a individuos adherirse a la cintura artilugios  haciéndolos estallar en un autobús repleto de personas. Acciones criminales ideadas por mentes perturbadas que obedecen a nada que yo pueda comprender, sin embargo, representan estímulos de poder, dinero o creencias para quienes lo ejecutan.
Ningún pueblo se hace el haraquiri. El griego tampoco. Y de él, Vargas Llosa decía, que “un milagro equivale al de curar a un enfermo terminal haciéndole correr maratones”. Y sonreí al leerlo pensando (yo que en milagros no creo) que las cosas pueden verse de otra manera. Tal vez, cobre vigor perseguir un sueño para seguir viviendo antes que morir por continuar haciendo siempre lo mismo. El pueblo griego, como los demás pueblos, optaron conforme a su criterio y eligieron lo que quisieron. ¿Serán condenados al casposo comunismo de un Estado dictatorial o permanecerán siendo  esclavos con el salvaje capitalismo actual? Me aferro a que el hombre ha de estar por encima de los mercados y los políticos no ser dirigidos por la economía. Ha llegado la hora de cambiar pacíficamente el indomable sistema que tanto bien propició y que hoy, con la espiral de sus crisis sucesivas, quizá, no pueda contenerse. Los Gobiernos deberán no preferir ninguna de las dos tendencias apuntadas y adoptar de ambas los puntos positivos que convenga a la mayoría de sus habitantes para procurarles igualdad de oportunidades, justicia, respeto, libertad y suprimir las abismales diferencias sociales que son una muerte segura, ya que “el crecimiento canceroso de la pobreza” es el mal que arrastra al sistema capitalista por la codicia que destila.

Comentaba nuestro premio Nobel refiriéndose a los pueblos, que “la corrupción y el despilfarro les llevó a descreer de la democracia…”. Pero ¿cuáles son las causas de tales vilezas sino el propio Sistema perverso que las estimula? La democracia, por tanto, no se perfecciona mientras persistan aquéllas y no es posible mientas haya personas maniatadas por la incultura y la pobreza. La miseria, que tiene poco de nobleza, se agarra a un clavo ardiendo, al cable que alguien le lance aunque le prometa lo que no puede cumplir y busque espurios intereses. Al respecto, publiqué la novela Escape, proyectando en ella el mensaje de que los hombres podemos entendernos sin imposiciones, formulando medios y formas de conseguirlo.

sábado, 7 de febrero de 2015

NO MÁS GASTOS ILEGÍTIMOS



Visualicemos la punta del iceberg que son las famosas tarjetas black. Veremos entonces el gigantesco témpano que no está  al descubierto: Créditos condonados, fallidos, renovados in saecula saeculorum a coste cero y más gastos ilegítimos. Promociones inmobiliarias impagadas que se regalan a fondos buitres o no y más gastos ilegítimos. Ventas, cesiones, permutas de propiedades a firmas desconocidas  o a ser vos quien sois como pago de favores y más gastos ilegítimos. Negocios, tratos, inversiones ruinosas difuminadas entre titulares insolventes, sociedades creadas al efecto o testaferros a favor de los cuales se han endosado efectos a cobrar simulando alguna operación y más gastos ilegítimos. Errores por cambios del epígrafe Deudores por el de Acreedores o traspasos a paraísos fiscales diferidos y más gastos ilegítimos. Robos a manos llenas por personas próximas, no alejadas en mundos perdidos, falseando valores con recurrentes contabilidades fantásticas o izando importes de bienes insignificantes, y más gastos ilegítimos. Obtención de comisiones en operaciones de terceros, tasando, asegurando, desahuciando, lanzando a clientes desempleados o cuando no cobrando por estudios, informes, colaboraciones y otras zarandajas y más gastos ilegítimos. Estafando, engalgando, engañando, creando preferentes, opas, emitiendo capital y viendo la prescripción pasar por la riqueza creada en beneficio propio o de unos pocos y más gastos ilegítimos.  ¡Cuánta impunidad tan sólo en una Caja! ¿Cómo sería posible que, semejante entidad financiera, de ganancias fabulosas pasara a más de cuatro billones de pesetas de pérdidas? ¿Cuántas cosas se pudieron hacer con ello? ¡Pero no pasa nada! Poco se sabe de sus reguladores, auditores, consejos, asambleas... Y suma y sigue: defraudadores,  ladrones, corruptos,  tramas, tratas, obras faraónicas, Eres o la Madre que los parió... ¿Y qué medios se han puesto? ¿No habrá más gastos ilegítimos que pagar? Claro que sí: hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Pobres accionistas de Bankía. Pobres las empresas eléctricas o las que hicieron autopistas o las que inyectaron gas o… Pobres partidos políticos y sus dirigentes que se fijan sus propios contratos laborales. Pobres mercados e intermediarios  que arruinan a muchos en detrimento de unos pocos con sólo tocar una campana. Pobres, más que pobres, los que no pueden evitar la tentación de robar; luego resultan insolventes o carecen de responsabilidad. ¿De qué nos quejamos? ¿No somos el pueblo? ¿No somos el Estado? ¿No somos los que pagamos?
La cosa está clara. Necesitamos de políticos y hemos de elegirlos. Hasta ahora nos han salido ranas. La cuestión pues, es no votar. Pero como eso es prácticamente un imposible, se me antoja que los partidos candidatos, ante notario, por ley, solemnemente (¿), antes de celebrarse las elecciones, prometan, garanticen, se obliguen, propongan (¿) cumplir con anularse privilegios y que éstos sean ratificados en referéndum, así como las elementales  y concretas medidas que tomarían, en su caso, para anular las prácticas corruptas, los abusos mafiosos, sofocar la pobreza,  abolir el paro y demás engaños de los que hemos sido y seguimos siendo objeto. Fórmulas por otra parte que, a mi juicio, serían imprescindibles para votar. Les daré entrada en este blog, al igual que ya se han publicado en libros como 5 Fórmulas para el bienestar de España o Escape. Patrones abocados a implantarse para que el mundo cambie y las crisis no tengan lugar. O, ¿es que acaso hay quien  cree que no hay otra forma de actuar en política, economía  o socialmente? ¿Por qué no lo hace Europa? ¿Por qué no una misma receta? ¿Un sólo Gobierno? ¿Un sólo presupuesto? ¿Una sola soberanía? La búsqueda de una identidad propia europea nos acercará sin renunciar a las múltiples que tenemos. Lo sensato será que Europa apueste por las personas y no por los mercados.  

domingo, 1 de febrero de 2015

Iz al infierno de cabeza



¡Enhorabuena señora Merkel! Ha conseguido, por fin, que alguien en Europa se entere. ¡Enhorabuena pueblo griego! Os habéis dado cuenta, por fin, que las cosas se pueden hacer de otra manera.
Ángela Merkel no es una hermanita de la caridad, ni un padre que llame la atención y actúa. Ejerce la política buscando sus intereses a costa de lo que sea, sin importarle nada más que lo suyo, tal como lo hacen los mercados; por tanto, ¿de qué criticarla? Pertenece al Club más distinguido de mercaderes (que no social) aportando la cuota más alta de todos sus miembros  y lógico es, que algún tipo de influencia provoque a las instituciones que lo administran, cuyos elementos llevan un nivel de vida increíble codiciada por los dirigentes de los demás socios del Club, ya que dilapidan sin que les falte de nada; se consideran prohombres por encima del mal y del bien y, como diría Podemos, son una Casta, libre de toda responsabilidad. 
¿Cómo no imitar tan fáciles prebendas si el Club los autoriza? Y el contagio se propaga entre los gobernantes de los países del Club, animados (¿cómo no?) por los mercados dispuestos a facilitar financiación sin trabas, ajenos a desequilibrios, a nulas posibilidades de devolución o, lo que es peor, autorizados a trocear sus créditos en su beneficio y hundir al sencillo inversor.
Ello desemboca en una crisis de la que se aprovechan bandidos, mafias, intermediarios  y los que no cesan de cabalgar entre la corrupción y la inmoralidad (por lo general políticos, poderosos y amigos de éstos): robando y mintiendo, defraudando al fisco y trasladando la pasta de lugar, sobornando y exigiendo comisiones, engañando con obras faraónicas y comprometiéndose con lo que no pueden cumplir, aceptando la condonación de sus deudas particulares y aumentando el presupuesto nacional…. Y, entonces, la deuda del Estado (lo público y lo privado perdonado por la Banca a las que hay que rescatar) se ha de devolver por “quienes hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”.
La señora Merkel azuza a que paguen los tramposos, con la razón que le da su cuota, en lugar de avanzar en un único presupuesto o en la unidad política del Club. No quiere sino que se ajusten a gastar no más de lo que ingresan como en cualquier familia decente y normal. A algunos de sus correligionarios (¡qué saben a quienes han favorecido!)  en vez de que se les caiga la cara de vergüenza por ello, sacrifican a la gente modesta, ahorradora o necesitada, que vivió económicamente a años luz de ellos, a carecer de empleo, de salud, de educación, de sueldos dignos, cuando no a ser condenados a emigrar o vivir en la miseria. Los ricos se hacen más ricos, los pobres más pobres y los acreedores, carentes de corazón y sin que les importe que ellos también fueran culpables, quieren cobrar. Y renuevan las facilidades. Y exigen más reformas. Y endurecen sus condiciones. Y la señora Merkel  se convierte en el punto de mira de Gobiernos que no disparan sino contra sus propios ciudadanos como se ha apuntado: quitándoles el pan (alimentos para el alma y el cuerpo) y la dignidad (salud y trabajo). Prometen (eso sí) para las próximas elecciones Honorabilidad, Transparencia y Rentabilidad de la que carecen como si nada hubiese pasado, dado que ellos y los suyos ni sufren ni padecen, quedos en las alturas privilegiadas. ¡Qué se vayan al infierno!
Gracias Ángela por abrir los ojos a millones de almas europeas, ya que el grifo no se puede tener siempre abierto; que aunque haya recursos, se agotan; que la economía es la misma para todos y que, políticos y mercaderes, no sois de fiar. Por tanto, ejemplo y responsabilidad se os ha de fijar lo primero y mientras eso no se haga, ¡id al infierno de cabeza!

sábado, 24 de enero de 2015

PONER LAS COSAS EN SU SITIO



Los economistas dicen que para la creación de empleo es imprescindible que haya crecimiento; sin embargo, éste sin aquél no tiene sentido. Es como una especie de noria o círculo vicioso del que hay que salir. En realidad  bastaría con un cambio en el modelo productivo, apostando más por la calidad que por la cantidad, por ejemplo, o aumentando los salarios de los que menos ganan en lugar de hacerlo a todos por igual o al revés; salvo que queramos continuar por el camino de la especulación absorbiendo cifras inconclusas o vendiendo humo que nada determinan.
En nuestro Proyecto de Ciudades Ocupacionales (PCO) bastará con que la Administración de cada distrito, de cada Ayuntamiento, ocupe a todos y cada uno de los desempleados que le correspondan como a unos trabajadores más; así se regulará el empleo a nivel estatal, garantizando que nadie esté en paro y obtengan un salario mínimo de subsistencia (s.m.s) dado que son innumerables las cosas por hacer. No se precisa de mucha imaginación para paliar las carencias sociales: cuidando, trasladando a enfermos o personas necesitadas; impartiendo, asistiendo a enseñanzas;  reparando, limpiando establecimientos o parajes… que crearían empleo y riqueza o, lo que es lo mismo, rentabilizar la ineficacia, la lacra del paro…
La falacia de nuestra economía está basada en apuestas, que a la larga se sabe el ganador. Imaginemos el bingo, la ruleta, la lotería cuyo montante se intercambia pero no varía aunque cambie de manos, salvo en una pequeña cantidad que es para el intermediario. Un billete muy grande al que, en cada envite, se le corta un trocito para el comisionista. Es claro, que nada se crea ni se destruye sino que se transforma. Bienes, derechos y obligaciones se intercambian, en los llamados mercados libres, satisfaciendo las demandas y las ofertas efectuadas (99% especulativas y 1% comerciales, ¡hasta dos billones de dólares diarios!) detrás de las cuales sólo existe un único beneficiario: los agentes mediadores. No obstante, no nos engañemos: son necesarios. Hoy en día, todo el mundo quiere lucrarse como tales agentes y ello no es posible, toda vez que éstos, cuán bacterias en simbiosis con el cuerpo, son los entes superiores del propio sistema capitalista que gozan del privilegio de cobrar sin exponer, de unos y otros.
Los banqueros alardean de jugarse su dinero y fortuna creando empleo, pero no es cierto. Tal vez ayer, como normales empresarios, recurrieron a créditos con sus propias garantías o ahorros para cumplir una razonable labor de intermediación comercial, expuestos a los avatares de las circunstancias. Hoy al contrario, sólo aventureros, especuladores o los que nada tienen que perder emprenden acciones que llegan o no a buen fin. Buscan a un tercero que les consiga financiación ajena sin poner un duro. Éstos, normalmente, son los sufridos consumidores o el Estado que los respalda. Luego, se harán pasar por héroes de la película cuando se han forrado sin arriesgarse o lo único que han hecho es un cambio de cromos (acciones por pasta) a partir de que un logrero toque la campana. Por lo general, recuperan su dinero si es que algún día lo pusieron y, a lo sumo, pierden su tesón y dicen arruinarse,  cuando el trabajador nada tiene que perder porque lo tiene todo perdido. Y el negocio comienza a dar los pasos desde el principio con el objetivo de ánimo de lucro; de ninguna manera por crear puestos de trabajo, que son imprescindibles para crear beneficios. ¿Y quién se los reparte? ¿Sólo el capital? ¿Acaso es justo? Y para la gran mayoría de empresarios sirven de modelo. Les imitan e, incluso, bordean la ley para beneficiarse a costa de lo que sea. Un cambio de política económica/social puede poner las cosas en su sitio. Hay que innovar el Sistema capitalista. Dependerá de lo que se vote ¡El resultado nos compete!

viernes, 16 de enero de 2015

SEÑORES

La propaganda o meme es una unidad simple de información cultural.
Hace medio siglo que mi pluma inventaba ya discursos en aquella España del Espíritu nacional, donde un Estado nacionalsindicalista nos hablaba de la dignidad humana, la integridad del hombre y su libertad como valores eternos e intangibles, en los que debíamos de pensar sin reservas mentales, esperando la recompensa al final del camino. Una España en la que un Caudillo y Generalísimo era, junto a los miembros del gobierno, por él elegidos, el dueño absoluto de los destinos de sus habitantes. Una España católica, apostólica y romana, cuya Iglesia nos hacía tragar la voluntad de nuestro discurrir, entre llanto, saliva y amenazas, cuando no con un ejemplar castigo invocando enseñanzas de Cristo, que sus dirigentes, aupados por el Gobierno, ni respetaban ni cumplían, mostrando su superioridad al resto de los mortales y actuando impunemente. Ambos poderes, que han pesado enormemente sobre las espaldas de numerosas personas, los enterré hace tiempo en el sepulcro de los prejuicios, aunque sus palabras suenen atractivas e invoquen el esplendor de un pasado cruel y servil, que sólo guarda la nostalgia del tiempo.  
La actual domesticación y la de siempre es la infancia, la verdadera patriade cada cual, cuyos escenarios varían con el paso del tiempo y, en mi caso, desde entonces, no es para contar. Daría lugar a la celebración de más de una charla debido, entre otras cosas, al número de años que tengo. Todo ha cambiado mucho y hoy, apenas, si reconocemos la transformación sufrida después de la ingente cantidad  de acontecimientos sucedidos; así que los hombres precisamos de una adaptación constante al uso cotidiano de las modernas  tecnologías, a la comprensión de las diferentes alternativas, en definitiva, a las nuevas formas de vida que se presentan, entre ellas una, que me resisto aceptar, aquélla que, por razones crematísticas,no modera la tendencia imperante de distanciarnos socialmente los unos de otros. Me imagino, que seremos muchos los que coincidimos y bastantes menos los quenonos resignamos y aportamos nuestro granito de arena para solucionarlo o denunciarlo. Algunos otros, que lo consideran normal, se adaptan para dar motivos a que la evolución de las especies haga su trabajo y establezca el homo sapiens pobre y el homo sapiens rico. Bromas aparte, precisamos de un cambio para acomodarnos a los nuevos tiemposcomo se adecuan el resto de las cosas; pero, en este caso, no de un cambio personal, que también, sino de un cambiosocial, político y económico ¡no nos extrañe!, que innove los modelos, las opiniones, los sistemas, los modos de viday ya, desde la más tierna edad.
Pensando en el hombre, en su humanidad y en la búsqueda de su felicidad, 5 Fórmulas para el bienestar de España, escrito con la mejor voluntad de la misma manera que ahora lo hago, propone un cambio de Sistema. Una innovación del capitalismo actual que nos gobierna en occidente. Y, para ello, facilita medidas que acorten las distancias económicas que ahora separa a las personas, así como sus diferentes ideologías existentes  en el convencimiento de que todo tiene un límite y nada es para siempre; dando por hecho, que en el comportamiento de las mismas ha de prevalecer la Honorabilidad, la Transparencia y la Rentabilidad y en sus  acciones la flexibilidad y la adaptación (de cerebro a cerebro).

El nuevo Sistema social, tildado por algunos lectores de utópico, nace con la creación literaria, aún no publicada, de nombre, PCO Celeste Esmeralda, y recreado en la segunda parte de la novela de ficción, de venta  en las librerías, titulada Escape, cuya especial lectura recomiendo.

sábado, 10 de enero de 2015

Intenciones para 2015



El año 2015 comenzará con unas 2000 personas con cargos políticos imputados judicialmente. Ninguno de ellos, ni sus familiares o amigos más próximos, son desempleados pese al abultado número de ellos. El paro, esa lacra social, es vergonzante y, más aún, que las autoridades lo permitan. Que alguien pase hambre, no tenga dónde dormir o necesite de la caridad para comer es, a todas luces, una inmoralidad, pero ¿qué puede preocuparles a los incriminados?
Corrupción y desocupación pueden cortarse de raíz. 
El Sistema que nos gobierna, un capitalismo extremado, es avaricia; la prudencia sobrada, que emplea la Iglesia que nos rige,  cobardía; y el valor del PCO que vengo divulgando, tal vez, precipitado. Ni avaros ni cobardes: atrevidos. Los que no tienen trabajo a trabajar. Los que delinquen al trullo, una vez, con sus familiares y amigos más próximos, haya soltado el lastre de sus fechorías. No aumentos más gastos, y que a ninguno les falte de comer con su trabajo o en la cárcel. En eso consiste poner los medios adecuados.
Dicen que el cerebro  reptiliano nos da respuestas más primitivas; sobre  el hambre, la sed, el miedo. Es agresivo: no piensa ni siente, actúa. Dicen igualmente, que el sistema límbico no sabe mentir y evidencia señales corporales evidentes e inevitables manifestando sus emociones; por consiguiente, ¿hemos de avanzar en la cultura de los derechos humanos y las libertades que alimentaron el progreso social con la Revolución liberal inglesa del siglo XVII o en la diferencia de clases e industria social que también proclamó?
No olvidemos, que la diversidad de clases o castas se dan por la absoluta falta de igualdad de oportunidades de las que carecemos y que el sistema liberal nos ha traído el capitalismo  actual que domina la política. Será necesario ir anotando  impresiones públicas que al respecto se realicen e ir comparándolas con las propuestas del presente blog, teniendo presente que los castigos no están en consonancia con los beneficios que se obtienen por sus causas.
Al que se queda en paro hay que darle trabajo para que pueda vivir, no sin antes, si es preciso, se coma sus ahorros e, incluso, propiedades que tenga. ¿Qué decir de los delincuentes que roban, matan o, con altruismo, ánimo de lucro u otras tretas, corrompen, estafan o engañan?
Las leyes demasiado benignas rara vez son obedecidas. Las leyes extremadamente severas rara vez son cumplidas. En su lugar cabe la disciplina, las normas, la educación, la cultura, la razón, independientemente  de las circunstancias, costumbres y creencias. Convendría examinar en cada caso el origen de las cosas y el destino al que han llegado.
Es bien para todos no tener que llegar a guerras, revoluciones, luchas de clases, revueltas… pues estamos viviendo en el mejor de los lugares conocidos y no hemos de renunciar a él. A alguien le oí decir, qué la gran desgracia de nuestro tiempo es que la virtud sea una rareza y la maldad tan común y, aunque no comparta fielmente tal expresión, si apuntaré que la avaricia no conduce a nada (¡Hay que morir igualmente!).  Y por mucho poder o riqueza que se almacenen, la ansiedad, el miedo, la pena, el asco, la sorpresa, el desprecio, el amor es igual para todos.
Comprendo que los caminos recorridos no se pueden desandar, por eso no hemos de confiar más en quienes nos han engañado siempre. Necesitamos de  memoria, entendimiento y voluntad y no votarles. Exijamos más a los partidos políticos y a sus responsables.