“Los de la ultraderecha -los de
siempre- campan a sus anchas coreando consignas, destrozando escaparates e
intimidando a los transeúntes…”.
Este párrafo describe exactamente
lo que sucedió en el centro de Madrid, la tarde-noche del 23 de febrero de
1981, durante el Golpe de Estado de Tejero, Milans del Bosch, Armada y otros
que, de haber triunfado los xenófobos -los de siempre”-, lo hubieran apoyado y
aclamado como entonces lo hicieron, para hacernos regresar a un tiempo anterior
y seguir exultantes con su violencia política, mientras los demócratas
volveríamos a enmudecer, incapaces de levantar la voz, tal como vivimos en la
dictadura, casi cuarenta años, entre la tristeza y el temor.
Un hecho que va para cuarenta y
cinco años, acaecido en la llamada “Transición” (de la Dictadura a la
Democracia), del que hoy todos, incluidos los racistas -los de siempre-,
podemos opinar libremente, estando en Democracia, sabiendo que:
a) Los refranes son muy
socorridos y acudo a tres de ellos: “La cabra cambia de pelo, pero no cambia de
leche”. “Nadie da duros a peseta”. “Obras son amores y no buenas razones”.
b) Los jóvenes de hoy desconocen
la historia reciente de España, de la que estamos hablamos y que, con
seguridad, en la escuela no la han estudiado.
c) Los ultranacionalistas -los de
siempre-, pueden repetir una involución y cambiar la Democracia por la
Dictadura y eso, sin duda, la mayoría lo lamentaríamos.
d) La ignorancia es muy atrevida
y se adhiere fácilmente, sobre todo, si es dirigida por los neonazismos -los de
siempre- insultando, modificando acontecimientos, mintiendo y promocionando
promesas que no cumplirán.
e) Los neofascistas -los de
siempre- los que tuvieron, tienen y posiblemente tengan una vida resuelta sin
dar un palo al agua, se están envalentonando y persiguiendo lo que el
23.02.81, afortunadamente, no lograron conseguir.
f) Cada cual cuenta la vida
conforme le va, por lo que antes de tomar una decisión importante de la que uno
se tenga que arrepentir (como votar por un u otro partido) conviene meditarla,
desconfiando de lo que escucha y lee (incluso este escrito) contrastándolo con
fuentes diferentes que considere objetivas. Es mejor dejarse llevar por lo que
hacen las personas que por lo que dicen, pues “obras son amores y no buenas
razones” y, actualmente, los bulos proliferan y son el pan nuestro de cada día.
g) Tenemos ejemplos ilustrativos
que nos llevaron a radicalismos opresores: desterrémoslos. En el término medio
esta la virtud. Tratemos de asegurarnos siete pilares básicos en la vida:
comida, salud, educación, vivienda, libertad, respeto e igualdad de oportunidades,
toda vez que la política y la religión son doctrinas interesadas en imponerse,
enfrentándonos e interfiriendo en nuestra idiosincrasia.
j) Todos quieren mandar porque el
poder atrae riquezas. También lo ansían los homófobos reaccionarios -los de
siempre- para emular el régimen del dictador, de cuyo poderío salió su fortuna
de la que aún viven sus biznietos. Y es que los investidos de poder, por lo
general, priorizan su beneficio y el de los suyos y no, lógicamente, las
enormes vulnerabilidades de la mayoría de la gente que gobiernan.