domingo, 15 de febrero de 2026

MÁS HACER Y MENOS DECIR

 

Harto está el respetable con el conservador partido político opositor del Gobierno que no hace otra cosa que atacar contra la cabeza de quien lo preside, como si en ello le fuera la vida. En su lugar, tendría que diseñar un proyecto paralelo de todo cuanto el Gobierno hace o propone, y demostrar a la ciudadanía que su plan es mejor y más conveniente para los españoles esgrimiendo los motivos y dejando de criticar, insultar, despotricar sin pruebas contundentes que la gente no entiende. Mientras no sea así, mejor sería dejar tales mensajes para su parroquia, fieles servidores del ruido y el desconcierto, pues el hartazgo entre los neutrales ya lo han rebosado sin darse por enterados que “obras son amores y no buenas razones”.

El Gobierno no se queda atrás y aprovecha igualmente cualquier conducta rara, anormal, inadecuada e inoportuna de su oponente, para acusarlo de malversador, “del tu más” o cosas parecidas. Ninguna de las dos asociaciones políticas se dan respiro alguno tachándose de lo peor, sin percatarse que ambas, como todas las demás, forman parte de la Naturaleza humana que nos diferencia y divide.

Las mujeres, por ejemplo, gozan de una naturaleza por la cual, conforme escuchan estiman y necesitan ataviarse para lucir sus mejores virtudes, tanto físicas como anímicas, a fin de atraer a los hombres, aunque digan que no son sus propósitos. Nosotros, los hombres, realzamos la virilidad masculina para satisfacer nuestro ego y complacerlas, imaginándonos lo apuestos que somos ante ellas. Una Naturaleza humana que jamás cambiará, en virtud de las capacidades orgánicas de instintos y sentidos dado que “aunque la mona se vista de seda mona se queda”.

Hay, sin embargo, acusadas discrepancias entre los partidos políticos aludidos, conservadores y progresistas, tanto como las existentes entre las personas que las componen, sean machos o hembras, difícil de consensuar sus intereses e ideas no coincidentes. Sin embargo, si se puede saber la repercusión que, tal o cual medida, será o no beneficiosa para la mayor parte de la gente, en cuyo caso la decisión a tomar habrá de hacerse en favor del bien común o de la mayoría y no del particular. 

Las conductas se repiten y es, por tanto, un hecho cierto que también se repita la historia de la humanidad, aunque el mayor conocimiento varíe sus modos y formas, permitiendo que la Evolución de la vida de los seres vivos discurra por caminos donde cada una de las especies, limitados sus atributos y funciones, tenga su propio cometido en una Tierra donde puede que la escala humana sea la superior, aun teniendo por seguro que, con la muerte, el único destino conocido, todo acaba.

Merece la pena evitar la corrupción, el desorden y todo cuanto perjudique a la mayoría de la gente. Los hombres estamos manipulados desde el nacimiento por las penurias de la vida propia y ajena, por el dinero y el poder, por las creencias y las políticas, por las palabrerías y arrestos del miedo y la ignorancia. No nos fiemos de las voces que vaticinan y prometen sin antes analizar sus hechos realizados, pues, una vez conseguido lo pretendido, nada de lo prometido y “más vale pájaro en mano que cientos volando”.

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