Un folio pensamientos de autores
anónimos:
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Con una ocurrencia graciosa se obtiene más que
con un desplante colérico.
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Dar consejos es como besar a una muchacha: es
agradable y no cuesta nada
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Debemos tener en cuenta primero la conciencia y
luego la reputación.
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Adán y Eva poco habrán hablado juntos, pues no
tenían sobre quién murmurar.
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Un beso no estalla tan fuerte como un cañonazo,
pero su eco dura mucho más.
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Lo peor que puedes hacer es preocuparte por lo
que podrías haber hecho.
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Repróchale a tu amigo sus defectos entre cuatro
ojos, pero alábale en público.
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Los de la generación joven tienen desde luego el
respeto por la ancianidad, por lo menos en lo que se refiere a vinos, güisqui y
muebles antiguos.
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No confundas a los consejeros con los peritos.
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Muchos hay que tratan de impresionar a los demás
para no perder la fe en ellos mismos.
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Hablar es naturaleza, callar es arte.
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Apresúrate cuando tengas tiempo, así tendrás
tiempo cuando hayas de apresurarte.
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La tinta más pálida es más fuerte que la memoria
más sólida.
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No hallase en estado de sentir entusiasmo, es
una señal de mediocridad.
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Un hombre sensato se olvida de las injurias con
la misma rapidez que un desagradable olvida el bien que le hicieron.
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La gran ambición de las mujeres es inspirar
amor, para así ejercer sin peligro su maldad natural con el hombre.
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Hay una pasión superior a todas y es la
satisfacción interior por el bien interior que hacemos a los otros.
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Los desgraciados creen con facilidad que es o
será cierto aquello que ellos desean que ocurra.
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¿Es que se acaba de amar alguna vez? Hay gente
que ha muerto ya y que yo siento que aman aún.
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Pocas personas muestran desde el principio sus
defectos al desnudo; generalmente cada cual trata de darse una apariencia
atractiva.
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¿Qué hace falta para ser feliz?: un poco de
cielo azul encima de nuestras cabezas, un vientecillo tibio y la paz de
espíritu.
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Los ingleses dominan el arte de saber mandar
dejando la posibilidad al mandado de definir personalmente sobre lo que se le
exige.
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Ningún árbol tiene ramas tan estúpidas como para
luchar entre sí.
- No hay prueba más triste de la pequeñez de un hombre, que su incapacidad para dar la importancia que merecen los grandes hombres.
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