No es lógico que en La Tierra
exista una única creencia. Tampoco lo es que multitud de ellas (religiones y
políticas) se propaguen como ahora, aunque cada uno de nosotros, en virtud de
la fe e ideas que profesemos, elijamos las que más nos convengan. Política y
religión son semejantes y cada persona con total libertad podrá apuntarse o no
a una determinado credo y partido, al que a su juicio agrupe las tendencias más
acordes y cercanas a las suyas o le inspire mayor confianza.
La confianza es, esencialmente, el valor más básico para tomar una decisión. Representa la fe y la esperanza personal que se comparte con mucha gente, aunque no esté exenta de riesgos. Una idea elegida y tomada por considerarse la mejor, se basa en los propios intereses respecto a un bien particular o común y a las perspectivas que pueda reportar.
Estamos viendo como la política y
la religión tratan de acaparar hacía sí a la gente, a sus seguidores, al igual
que hacen los negocios con sus clientes, proporcionando mercancías “buenas, bonitas y baratas”, y todo con el fin de ampliar clientela con la que obtener y ampliar sus
beneficios, sin los que desaparecerían.
Transacciones de carácter
económico que han de realizan mediante pagos y cobros, gastos e ingresos, nada
prosaicos, ni amorosos, ni espirituales que hay que sintetizar en un inventario
o balance que, por regla general, es desconocido por sus socios, simpatizantes
y demás asociados, por muy curiosos que sean.
Imaginemos: ¿Cuáles son las
mercancías y servicios que venden tales asociaciones? ¿Quiénes son las personas
físicas o jurídicas propietarias? ¿Qué obligaciones y derechos tienen? ¿Por qué
leyes se rigen su creación, disolución…?
La imaginación, además de
poderosa, es muy amplia y cada uno de nosotros podemos responder de muy
diferente manera a cada una de las preguntas citadas; sin embargo, no nos
atrevemos por su dificultad a destacar muchas de ellas, cuando, en su mayor
parte, son intangibles, sutiles y relativas, aunque nos conste que la riqueza
-algo muy concreto y nada espiritual- es su denominador común.
Los unos alcanzarán el poder por
el que luchan denodadamente: ¡por algo será! Los otros alcanzarán el cielo o la
gloria, pero nunca lo sabremos. Lo que si queda en el imaginario del común de
los mortales es que sus cuentas son desconocidas y opacas para sus fieles
seguidores, beneficiándose de impuestos que otros entes, con inferiores
beneficios, pagan.
¿No sería conveniente que
informaran al público en general de sus actividades y de sus obras, de sus
activos y pasivos económicos, de sus resultados financieros y el uso al que se
destinan?
Política y Religión. Pilares de
sentimientos sin sentido que nos traicionan, nos enfrentan y nos crispan pese a
saber que la muerte a todos nos aguarda.
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