domingo, 7 de junio de 2026

Vasos comunicantes

 

No es lógico que en La Tierra exista una única creencia. Tampoco lo es que multitud de ellas (religiones y políticas) se propaguen como ahora, aunque cada uno de nosotros, en virtud de la fe e ideas que profesemos, elijamos las que más nos convengan. Política y religión son semejantes y cada persona con total libertad podrá apuntarse o no a una determinado credo y partido, al que a su juicio agrupe las tendencias más acordes y cercanas a las suyas o le inspire mayor confianza.

La confianza es, esencialmente, el valor más básico para tomar una decisión. Representa la fe y la esperanza personal que se comparte con mucha gente, aunque no esté exenta de riesgos. Una idea elegida y tomada por considerarse la mejor, se basa en los propios intereses  respecto a un bien particular o común y a las perspectivas que pueda reportar. 

Estamos viendo como la política y la religión tratan de acaparar hacía sí a la gente, a sus seguidores, al igual que hacen los negocios con sus clientes, proporcionando mercancías “buenas, bonitas y baratas”, y todo con el fin de ampliar clientela con la que obtener y ampliar sus beneficios, sin los que desaparecerían.

Transacciones de carácter económico que han de realizan mediante pagos y cobros, gastos e ingresos, nada prosaicos, ni amorosos, ni espirituales que hay que sintetizar en un inventario o balance que, por regla general, es desconocido por sus socios, simpatizantes y demás asociados, por muy curiosos que sean.

Imaginemos: ¿Cuáles son las mercancías y servicios que venden tales asociaciones? ¿Quiénes son las personas físicas o jurídicas propietarias? ¿Qué obligaciones y derechos tienen? ¿Por qué leyes se rigen su creación, disolución…?

La imaginación, además de poderosa, es muy amplia y cada uno de nosotros podemos responder de muy diferente manera a cada una de las preguntas citadas; sin embargo, no nos atrevemos por su dificultad a destacar muchas de ellas, cuando, en su mayor parte, son intangibles, sutiles y relativas, aunque nos conste que la riqueza -algo muy concreto y nada espiritual- es su denominador común.

Los unos alcanzarán el poder por el que luchan denodadamente: ¡por algo será! Los otros alcanzarán el cielo o la gloria, pero nunca lo sabremos. Lo que si queda en el imaginario del común de los mortales es que sus cuentas son desconocidas y opacas para sus fieles seguidores, beneficiándose de impuestos que otros entes, con inferiores beneficios, pagan.

¿No sería conveniente que informaran al público en general de sus actividades y de sus obras, de sus activos y pasivos económicos, de sus resultados financieros y el uso al que se destinan?

Política y Religión. Pilares de sentimientos sin sentido que nos traicionan, nos enfrentan y nos crispan pese a saber que la muerte a todos nos aguarda.

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