Jamás vi a un ser humano tan
ansioso como él. Seguro que no duerme, ni descansa por lograr el poder.
Vendería su alma al diablo, removería Roma con Santiago y no le importaría
hacer las cosas más extrañas que le pidieran por conseguir su objetivo: ser el presidente del gobierno de España.
Dio un primer paso, en una noche
de tempestades olvidadas, colaborando para eliminar al que fuera el presidente
de su grupo político, sin importarle absolutamente nada; es decir, fue incapaz de
ponerse en el lugar del jefe de su partido y se alió con los lamentos y
maullidos de “la Gata de Chamberí” a fin de ocupar el puesto de presidente que para sí codiciaba. Y aquella negra noche se salió con la suya.
Luego, quiso lograr su segundo y máximo
objetivo y a punto estuvo de lograrlo. Lo intentó, pero no pudo. Olvidó que la
política es el arte de saber pactar, ceder y hacer falsos amigos, pero se
sintió ganador y seguro para decirnos que “no lo fue porque no quiso”. Debió
acordar con quienes mañana, posiblemente, tenga que hacerlo, pero no lo hizo.
Tampoco hasta ahora ha aportado nada positivo en la oposición; al revés, carente de
iniciativas e ideas continua siendo agresivo y abyecto, profiriendo
descalificaciones e insultos al presidente de su nación dentro y fuera de
España y nombró a lenguaraces voces pendencieras para que sin freno hirieran y socavaran la honorabilidad del presidente de España.
De continuar así, disparando y
disparando sin tino, vaticino que no gobernará, ya que algo habrá que se lo
impida. Sea por sus hipócritas soflamas reprobatorias, sus acusaciones
infundadas, sus maldiciones y ofensas; sea porque ya se arroga la próxima victoria
electoral; sea por encargar a los suyos vilipendiar con mayor fuerza y descaro o sea por lo que sea, justo será, en su caso, que reciba en
abundancia lo que ha sembrado: impiedad e insolencia que lo avergüencen
poniendo a la gente en su contra. Tomen nota: “quien a hierro mata a hierro
muere”. “Cree el ladrón que todos son de su condición” y tengan cuidado, pues la
licita ambición que muestra su semblante, es fiel reflejo de su impaciencia,
cansancio y fracaso, algo que otros podrán aprovechar y será peor el remedio
que la enfermedad.
Su prioridad no es nacional como
la de sus aliados: un slogan afortunado, no me cabe la menor duda, pero ilegal.
Su prioridad es personal por lograr ser el primer ministro del gobierno de España y mandar a sus
aguerridos segundones a prejuzgar castigos brutales para sus iguales, imitando
a los señoritos y terratenientes feudales de otra época que a latigazos
crujían los huesos de sus trabajadores.
Por fin se quitó su careta
hipócrita: la de que con Vox jamás pactaría. Ahora pacta y mañana también lo
hará si es necesario, aun sabiendo que Vox es un partido político dictatorial y
no democrático, que ignora los derechos humanos, persigue a emigrantes y
homosexuales y está plagado de románticos de la violencia franquista y conspiradores
enemigos de una España de todos, ya que se consideran ser los únicos y
auténticos españoles de “raza” nacional. Eso sí, con capacidades para traicionar
a las primeras de cambio al más pintado y usurpar su puesto, incluso con la
violencia de las armas como antaño.
Ni unos ni otros son hermanitas
de la caridad que traen luz a pobres y ancianos o limpian sus almas de pecados
y fatigas, pues son descendientes y continuadores del “ojo por ojo y diente por
diente”, de su fundador el que dijo que “la calle es mía”, de quienes fueron
los dueños de España.
Todos nos merecemos una nación de
acogida siendo buena gente. de una Patria en la que quepamos todos, de un destino de
millones de turistas donde se pueda respirar paz y alegría, donde miles de
emigrantes, tal como lo fueron nuestros padres, puedan ganarse la vida, crear
riqueza y vivir en libertad.