. Hay que atar la vida a otra cosa que no sea uno mismo.
Pero ¿por qué no es esto lo que hacen los hombres? Bien está que no se crea en
nada, pero hay que vivir como si se creyera. Esta es la religión oficial de
todos los países: creas o no creas, pero haz lo que hacemos todos. Benavente.
. Las personas afortunadas se corrigen poco. Creen tener
siempre razón mientras la fortuna sostiene su mala conducta. La Rochefoucauld.
. Ignorancia y miedo: dos vicios en cuyo matrimonio no se
ha visto divorcio, pues quien tiene miedo ignora, y quien ignora tiene miedo.
Francisco de Quevedo.
. Si eres feliz escóndete. No se puede andar cargado de
joyas por un barrio de mendigos. No se puede pasear una felicidad como la tuya
por un mundo de desgraciados. Casona.
. La mujer espera al hombre, dice Shaw, pero como la
araña espera a la mosca. Bernard Shaw.
. La palabra convierte el pensamiento en sensación.
Antoine de Rivaroil.
. Morir por la patria es una gloria, pero son más útiles
los que hacer morir por la patria a los soldados enemigos. Noel Clarasó.
. No hay secretos para triunfar. En la práctica todas las
teorías se derrumban. Todo se reduce a la suerte y a una larga paciencia.
Maurois.
. Quien primero grita “al ladrón” es a menudo el propio
ladrón. Willian Congreve.
. No se puede moldear a los hijos conforme a las ideas de
los padres. Hay que tomarlos como Dios los da, amarlos y educarlos lo mejor
posible, sin torcer su inclinación. Johann Wollgang von Goethe.
. En este mundo, es una verdadera fortuna y bendición no
ser demasiado sensible. Harriel Beecher Stowe.
. El hombre feliz no es el hombre que ríe, sino aquel
cuya alma, llena de alegría, se sobrepone y es superior a los acontecimientos.
Séneca.
. Es con la piedra de toque del infortunio como el hombre
prueba la bondad de su prójimo, de sus mujeres, de sus servidores y la fuerza
de su inteligencia, de su espíritu y de su alma. Anónimo.
. El desorden almuerza con la abundancia, come con la
pobreza, cena con la miseria y va a acostarse con la muerte. Benjamín Franklin.
. Nada más peligroso que un ignorante amigo, mejor sería
un sabio enemigo. Jean de la Fontaine.
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