Un folio de pensamientos (once).
A.A.A. Anotaciones aleatorias
adquiridas. (La triple A).
El motor del éxito es la lucha
contra los demás.
Sucede que quienes más hablan de
las empresas (por ejemplo, los profesores universitarios) nunca han trabajado
en ellas.
La empresa no es escenario de
pasiones nobles como el coraje, la generosidad o la entrega abnegada al bien
público. No representa valores de ningún tipo, ni humanos, ni sociales, ni
liberales…, más bien al contrario, de escándalos, corrupciones, engaños,
despidos…
La empresa reduce a sus empleados
al puro mecanismo.
En resumen, se trabaja porque no
hay otro remedio, ya que a nadie le gusta trabajar: si le gustara, la gente lo
haría gratis. Otra cosa es la ocupación para la distracción, el ego o el antojo
que si satisface y ocupas todo tu tiempo.
Ser o no ser, esa no es la
cuestión. O vives o no vives. Lo demás es cuento.
Tener es más importante que
fundamentar.
Un ejecutivo es una persona sana,
deportista, comunicativa, ambiciosa, optimista, simpática, elegante,
distinguida a la par que sencilla y discreta, aunque su espíritu de iniciativa
y comprensión, con toda seguridad, no existe.
El capitalismo crea bienes
superfluos y nosotros mismos para ella lo somos. Hay exceso de producción
innecesaria y demasiados trepas y lameculos entre sus filas que tienen su
oportunidad parasitando en las mismas
Las empresas
prometen cosas para no cumplirlas. Desconfían y temen que cualquier cosa les
puede suceder. Las promesas solo comprometen a quienes las cumplen. En eso se
parecen, muy mucho, a la clase política.
La imagen es
más importante que la mercancía. La seducción más que la producción. La
atención, personalizada o individualmente, es un camelo o un simulacro de
engaño para vender. La procreación de ideas es más bella que la realización de
estas.
Para las empresas todo el mundo
no es nadie. Es usted quién le interesa. Eso sí, si no sabe o no distingue
todavía que usted es una persona mayor que desconoce sus artimañas, no la
convencerá con ellas.
Si alguna vez, acumular bienes
materiales le obsesionó, ahora, a su edad madura, ni siquiera un higo le
interesa.
Los políticos no son
vocacionales, pues si lo fueran harían algo más que hablar.
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