domingo, 18 de enero de 2026

No hay duda: necesitamos un héroe

 

No hay duda. La dualidad corporal del ser humano, tanto material como espiritual, es significativa. Gozamos de una simetría bilateral con dos manos, dos pies, dos ojos, dos oídos, dos orificios en la nariz, dos pulmones, dos riñones y dos hemisferios en un cerebro cuya corteza motora izquierda controla los movimientos de la parte derecha del cuerpo y viceversa, es decir, dirigen las funciones de nuestro organismo almacenando ideas, en mayor o menor medida, sean zurdas o diestras.

“No hay más cera que la que arde”. Todos realizamos las mismas funciones para establecer y desarrollar identidades que nos hacen únicos por causas diferentes, pero que, sin embargo, los resultados a los que podemos llegar pueden ser iguales. La no conciliación entre ellas nos puede llevar a la hecatombe, a riñas, a luchas fratricidas sin sentido o cruentas -como lo fue la guerra civil española- que no vienen a solucionar los problemas. La concordia, el acuerdo, la cesión sincera por las diversas partes pueden conducirnos a una razón que nos salve.

Cualquier tipo de solución que no pase por la avenencia mutua es una pérdida de tiempo, igual que si una voluntad se impone por la fuerza sobre otra, sin ni siquiera acordar un punto intermedio que a ninguna parte le plazca satisfactoriamente. Ante posturas contrapuestas, para superarlas o alcanzar un acuerdo, se me ocurre preguntar: ¿De dónde procede la adversidad? ¿Qué la origina? ¿Cuándo, cómo y de qué manera se perciben para combatirlas?

La adversidad se sentirá acorralada ante respuestas simples y sinceras. Pensemos, meditemos sobre ellas y actuemos. Hagámoslo protegiéndonos, no mostrando nuestras debilidades, esas que solo uno mismo entiende y nadie más debe conocer si no quiere. La vulnerabilidad de las personas es su cuerpo y sus pensamientos.

El miedo y el odio -propios de los seres humanos- se amplían, sobre todo, cuando la angustia se acrecienta y decrecen, si dicha angustia es colectiva y se comparte con una sociedad asustada. El dolor se contiene y la tristeza surge cuando dicho dolor no se puede aguantar más.

La felicidad y demás sentimientos se transforman con arreglo al estado crítico en el que nos encontramos; mientras, los populismos descansan haciéndonos sentir que sus promesas mejorarán nuestras vidas y eso es de una simpleza que espanta.

La razón y la pasión son dos realidades que pueden vincular el futuro engendrando inteligencia o violencia, solo aplacadas con respectiva humildad y resignación. La paz no tiene precio y siempre es preferible a una guerra en la que todos, pueblos y vidas, pierden por muy victoriosos que se sientan o hayan sido.

Los actuales momentos, por los que nuestro mundo está pasando, son para hacérnoslos pensar; en otros tiempos, se masacraron a pueblos enteros por invasores, judíos o extranjeros – Hitler, la Santa Inquisición o Rhodes- y ocurrió lo que todos sabemos, olvidando que “muerto el perro se acabó la rabia”. ¿Habrá algún héroe que mate al perro?  

No hay comentarios:

Publicar un comentario