Harto está el respetable con el
conservador partido político opositor del Gobierno que no hace otra cosa que
atacar contra la cabeza de quien lo preside, como si en ello le fuera la vida.
En su lugar, tendría que diseñar un proyecto paralelo de todo cuanto el
Gobierno hace o propone, y demostrar a la ciudadanía que su plan es mejor y más
conveniente para los españoles esgrimiendo los motivos y dejando de criticar,
insultar, despotricar sin pruebas contundentes que la gente no entiende.
Mientras no sea así, mejor sería dejar tales mensajes para su parroquia, fieles
servidores del ruido y el desconcierto, pues el hartazgo entre los neutrales ya
lo han rebosado sin darse por enterados que “obras son amores y no buenas
razones”.
El Gobierno no se queda atrás y
aprovecha igualmente cualquier conducta rara, anormal, inadecuada e inoportuna
de su oponente, para acusarlo de malversador, “del tu más” o cosas parecidas.
Ninguna de las dos asociaciones políticas se dan respiro alguno tachándose de
lo peor, sin percatarse que ambas, como todas las demás, forman parte de la
Naturaleza humana que nos diferencia y divide.
Las mujeres, por ejemplo, gozan
de una naturaleza por la cual, conforme escuchan estiman y necesitan ataviarse
para lucir sus mejores virtudes, tanto físicas como anímicas, a fin de atraer a
los hombres, aunque digan que no son sus propósitos. Nosotros, los hombres,
realzamos la virilidad masculina para satisfacer nuestro ego y complacerlas,
imaginándonos lo apuestos que somos ante ellas. Una Naturaleza humana que jamás
cambiará, en virtud de las capacidades orgánicas de instintos y sentidos dado
que “aunque la mona se vista de seda mona se queda”.
Hay, sin embargo, acusadas
discrepancias entre los partidos políticos aludidos, conservadores y
progresistas, tanto como las existentes entre las personas que las componen,
sean machos o hembras, difícil de consensuar sus intereses e ideas no
coincidentes. Sin embargo, si se puede saber la repercusión que, tal o cual
medida, será o no beneficiosa para la mayor parte de la gente, en cuyo caso la
decisión a tomar habrá de hacerse en favor del bien común o de la mayoría y no
del particular.
Las conductas se repiten y es,
por tanto, un hecho cierto que también se repita la historia de la humanidad,
aunque el mayor conocimiento varíe sus modos y formas, permitiendo que la
Evolución de la vida de los seres vivos discurra por caminos donde cada una de
las especies, limitados sus atributos y funciones, tenga su propio cometido en
una Tierra donde puede que la escala humana sea la superior, aun teniendo por
seguro que, con la muerte, el único destino conocido, todo acaba.
Merece la pena evitar la
corrupción, el desorden y todo cuanto perjudique a la mayoría de la gente. Los
hombres estamos manipulados desde el nacimiento por las penurias de la vida
propia y ajena, por el dinero y el poder, por las creencias y las políticas,
por las palabrerías y arrestos del miedo y la ignorancia. No nos fiemos de las
voces que vaticinan y prometen sin antes analizar sus hechos realizados, pues,
una vez conseguido lo pretendido, nada de lo prometido y “más vale pájaro en mano que cientos
volando”.