sábado, 3 de junio de 2017

RECORTES DE PRENSA: El hambre

El mundo produce lo suficiente para alimentar a toda la población mundial de 7 mil millones de personas. Sin embargo, uno de cada ocho personas en el planeta va a la cama con hambre cada noche. En algunos países, uno de cada tres niños está bajo de peso. ¿Por qué existe el hambre?
Hay muchas razones por las cuales existe el hambre en el mundo y a menudo están interconectadas. Aquí hay 6 que creemos que son importantes.
La  trampa de la pobreza
La gente que vive en situación de pobreza generalmente no puede costearse comida nutritiva para ellos ni sus familias. Esta situación los vuelve más débiles y menos capaces de ganar el dinero que los hubiese ayudado a escapar de la pobreza y el hambre. Esto no es solo un problema del día a día: cuando los niños sufren de desnutrición crónica, esto puede afectar sus futuros ingresos, condenandolos a una vida de pobreza y hambre.
En países en vías de desarrollo, normalmente los agricultores no pueden costear las semillas, lo cual trae como consecuencia el no poder plantar los sembradíos que hubiesen provisto a sus familias de alimento. En algunos casos, ellos deben cultivar sin las herramientas ni fertilizantes necesarios. Otros no cuentan con tierra, agua o educación. En resumen, los pobres sufren de hambre y, al mismo tiempo, el hambre es lo que los mantiene en la pobreza.
Falta de inversión agrícola
Muchos países en vías de desarrollo carecen de una buena infraestructura agrícola, como lo son un buen sistema vial, silos e irrigación. Esto trae como resultado un alto precio en el transporte, falta de instalaciones de almacenamiento y suministro de agua intermitente. Todo esto conspira en contra de las cosechas y el acceso al alimento.
Las inversiones en administración de tierras, uso eficiente del agua y el uso de semillas resistentes traen consigo grandes mejoras.
Investigaciones realizadas por la
 Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) demuestran que la inversión en agricultura es cinco veces más efectiva en la lucha contra el hambre y la pobreza que la inversión en cualquier otro sector.
Clima y tiempo         
Los desastres naturales como inundaciones, tormentas tropicales y largos periodos de sequía están aumentando, lo cual trae consecuencias devastadoras para la gente de bajos recursos que vive en países en vías de desarrollo.
Las sequías son la causa más común de escasez de alimentos en el mundo. En 2011, una sequía recurrente causó grandes pérdidas en el sector agropecuario en Etiopía, Somalia y Kenia. En 2012 hubo una situación similar en la región del Sahel en el África occidental.
En muchos países, el
 cambio climático ya está causando condiciones adversas. Cada vez más tierras fértiles sufren de erosión, salinización y desertificación. La deforestación a manos de los humanos causa una erosión acelerada lo cual dificulta la cosecha de alimentos
Guerras y desplazamientos
Alrededor del mundo, los conflictos armados interrumpen de manera constante la cosecha y producción de alimentos. Este tipo de conflictos también fuerza a millones de personas a huir de sus hogares, dando como resultado severas crisis en la seguridad alimentaria de las personas que, una vez que se desplazan, se encuentran sin los medios para poder mantenerse a sí mismas. El conflicto en Siria es un perfecto ejemplo.
En la guerra, a veces los alimentos se convierten en armas. Los combatientes obligan a sus adversarios a rendirse por medio del hambre, tomando los alimentos y el ganado y destruyendo sistemáticamente los mercados locales. Los campos, usualmente, minados y los pozos de agua contaminados, obligan a los agricultores a abandonar sus tierras.
El conflicto creciente en Somalia y la República Democrática del Congo ha contribuido significativamente al alto nivel de hambre en esos dos países. En comparación, el hambre se está reduciendo en las partes más pacíficas del continente africano como Ghana y Ruanda.
Mercados inestables
En años recientes, el precio de los alimentos ha sufrido una gran inestabilidad. Los precios suben y bajan como una montaña rusa, lo cual dificulta el acceso consistente a alimentos nutritivos para la gente de bajos recursos. Éstos necesitan acceso adecuado a alimentos todo el año y estas alzas en los precios ponen los alimentos fuera de su alcance, trayendo consecuencias permanentes a niños pequeños. Cuando los precios suben, los consumidores tienden a cambiar a alimentos más baratos y menos nutritivos, dando como resultado deficiencias de micronutrientes y otras formas de desnutrición.
Desperdicio de alimentos
Un tercio de todos los alimentos producidos (1.3 mil millones de toneladas) nunca es consumido. Este desperdicio de alimentos representa una oportunidad perdida en la lucha por mejorar la seguridad alimentaria global, en un mundo donde una de cada ocho personas sufre de hambre.
Producir estos alimentos también utiliza preciados recursos naturales necesarios para alimentar al planeta. Cada año, los alimentos que son producidos, pero que no son consumidos aglutinan un volumen de agua equivalente al flujo de agua del rio Volga, en Rusia. Producir estos alimentos también libera un aproximado de 3.3 mil millones de toneladas de gases de invernadero.
Un curso dedicado a la Generación Hambre Cero
Por Enrique Yeves, Director de Comunicación Corporativa de FAO
El número de personas hambrientas en el mundo se ha reducido a algo menos de 800 millones, lo que supone una de cada nueve personas, según datos de la última edición del informe anual sobre el hambre de la FAO. Es una cifra inaceptable y el objetivo debe ser su erradicación total y definitiva.
En FAO sabemos que erradicar el hambre no sólo es posible sino que también es un imperativo moral y parte del compromiso ineludible que la comunidad internacional ha adoptado con la Agenda 2030 de desarrollo sostenible.
Es, además, una tarea en la que debemos involucrar a toda la sociedad, incluido el sector académico. Por eso en junio de 2016 organizamos, junto a la Universidad Complutense de Madrid, el curso “Hambre Cero: es posible”. No nos costó mucho elegir el nombre, ya que esa es la única afirmación que consideramos válida.
Durante una semana un grupo de jóvenes profundizó, de la mano de expertos internacionales, en las cuestiones que plantea este enorme desafío, uno de los más loables a los que puede aspirar la humanidad. Empezamos por algo tan básico como su definición: según la FAO, una persona pasa hambre cuando no obtiene la ingesta de energía alimentaria suficiente para mantener una vida saludable y activa.
A medida que avanzamos, todos mostraron gran interés en temas tan distintos como la pobreza como causa fundamental del hambre, la producción sostenible, la biodiversidad, el acceso a los alimentos, la nutrición, el cambio climático, la disponibilidad de agua, la calidad de los suelos o el problema de las pérdidas y desperdicio de alimentos
Personalmente, fue una satisfacción ver su compromiso ya su generación está llamada a ser la generación Hambre Cero, la que acabe con esta lacra inadmisible y que lastra el desarrollo de nuestro planeta.
El derecho humano a la alimentación adecuada, que es inalienable de todos los ciudadanos y cuyas condiciones para lograrlo deben ser garantizadas por el estado, nos ofrece una visión para un pacto social que impulse políticas de desarrollo inclusivas y sostenibles.
Y una de las formas más eficaces para lograrlo es, como reiteró el Director General de la FAO, José Graziano da Silva, en una ponencia en la que compartió su experiencia en su propio país, Brasil, una combinación relativamente sencilla: más políticas centradas en la protección social para ayudar a los más necesitados a salir de la pobreza y más inversiones en tecnología y actividades productivas dirigidas a los más pobres.
"Recorrimos 90.000 km durante 10 meses", rememoró Graziano da Silva al explicar uno de los programas más exitosos en la lucha contra el hambre. “Pero para lograr el desafío Hambre Cero - añadió en su conversación con los jóvenes- los gobiernos deben reconocer el problema del hambre como prioritario, crear marcos institucionales para combatirlo y programas específicos para poder hacerlo”.
Para ilustrar la importancia de ese compromiso político, en el curso contamos también con la participación de Guadalupe Valdés, del Frente Parlamentario contra el Hambre de América Latina y el Caribe, que habló del caso de América Latina, la región que más avances ha logrado en la lucha contra el hambre.
Como recordó el jefe del equipo del derecho a la alimentación de la FAO en presencia de Su Majestad la Reina Letizia de España –Embajadora Especial de la FAO para Nutrición-, el hambre y la malnutrición son problemas de naturaleza política. Por si solas, las soluciones técnicas no bastan para acabar con las desigualdades que mantienen a una parte importante de la población mundial en situación de inseguridad alimentaria o sufriendo la malnutrición.
Teniendo en cuenta las múltiples dimensiones del problema del hambre, en el curso también se habló sobre la forma en que lo contamos. Para ello contamos con Juan Luis Cebrián, Presidente Ejecutivo del grupo PRISA y El País –diario con el que la FAO firmó recientemente un acuerdo para mejorar la información sobre cuestiones relacionadas sobre el hambre, la agricultura y la alimentación, que habló sobre el papel de los medios de comunicación como motor de cambio.
En ese mismo sentido, el periodista y escritor Martín Caparrós, autor del libro Hambre, insistía en que la inseguridad alimentaria "no es un problema de pobreza, sino de riqueza" y de la injusta distribución de la misma.
Como entidades cercanas a las realidades sociales y catalizadoras de la participación ciudadana, las ciudades desempeñan un papel clave en la erradicación del hambre y en la mejora de la nutrición, como explicó Joan Ribó, el alcalde de Valencia, una de las ciudades españolas con mayor tradición de agricultura urbana y periurbana.
Siguiendo con nuestra intención de destacar el papel de la sociedad civil, en el curso también celebramos una mesa redonda con algunas de las ONG con más experiencia del país: Prosalus, Manos Unidas o Cáritas Española, que coincidieron en la necesidad de colocar en un lugar prioritario la lucha contra el hambre.
Visto el entusiasmo que despertaron las distintas ponencias y el interés continuado de los alumnos, estoy seguro de que contamos con todos los participantes y con todos ellos para lograr el hambre cero, que es posible.

Al día mueren 159.000 personas un 16% de ellas de hambre = 24000

Niños al día por hambre unos 8500 por otras causas evitables 19000

lunes, 29 de mayo de 2017

TIEMPOS DIFÍCILES

Corren tiempos difíciles. No hay otros. Tiempos como siempre lo han sido para los hombres necesitados de tener que ganarse la vida. En cada época, sin duda,  han existido denuncias, de una u otra forma, con idénticos agentes y conductas, para  tomar otro rumbo. Aquellas voces son las mismas que las de hoy clamando por una vida más justa, más equilibrada y menos belicosa. Actualmente, la Tierra está más poblada, sofisticada y compleja que jamás lo haya sido. También, es cierto, que los avances, medios y tecnologías posibilitan desarrollar urdimbres nunca conseguidos; si bien, el ser vivo continúa indefenso y ajustado al espacio-tiempo en el que se desenvuelve y le toca vivir, toda vez que sus sentimientos, miedos y placeres, hábitos y costumbres se mantienen estables. Por tanto, es fácil deducir que los hombres son lo que hacen (siempre cosas similares) por mucho que infinidad de circunstancias les sean cambiantes y varíen sus modos de realizarlos.

Llegado a este punto y considerando que los humanos son eslabones (uno más) en la cadena trófica, se debe tender a que  los hombres, individual y colectivamente, gocen del mayor bienestar posible, evitando las diferencias económicas abismales entre ellos y trazando las bases precisas para llevarlas a cabo, hasta que un ente superior aterrice o su propia transformación los aniquile o transforme. 

Piénsese, que cuando el hombre ocupe el segundo  escalón en la cúspide, dependerá de las decisiones que tome el primero quedando supeditado a ese espacio-tiempo sin posibilidad de alterar su función o actividad, al igual que otras vidas: hormigas, termitas, abejas, delfines, elefantes…, tabulados por intereses humanos.

Todos los que profesan en su medio una ardorosa rivalidad por ganar manteniendo sus intereses a capa y a espada, cueste lo que cueste, olvidando a sus congéneres y a la Naturaleza que los acoge y de la que dependen, son unos golfos. Una afirmación que, tal vez, evoque la excepción que confirma la regla de unos políticos mangantes, chorizos y caraduras. De unos altos cargos y dirigentes empresariales convencidos que ellos son el motor de la economía arriesgando sus bienes cuando, en realidad, son unos tramposos caminando al filo de una ley que transgreden a cada instante. De unos mandatarios religiosos que hacen a pelo y a pluma a fin de lograr sus objetivos ocultos. De muchos otros hombres de profesiones muy diversas insolidarios y acaparadores de enormes rentas que ni en mil vidas serían capaces de gastar.

Presentarse ante un futuro incierto e inseguro manifestando que no hay político honrado, ni cura sano, ni empresario generoso, ni gente con empatía no es cierto ni justo, pero si un pronto que debería servir de revulsivo para ser pensado. Ponerse en contra del mundo, tal vez, no sea lo más apropiado, pero hay que defender a los que vociferan, discuten e, incluso sin llegar a las manos, se sienten discriminados. En la política ya se sabe: hipocresía, mentiras, inutilidades de prestidigitadores que negocian diciendo lo que la gente quiere oír en espera de su voto. Religiosos machistas, mujeriegos, maricas, pederastas, vendedores de mercancías increíbles y gratuitas (que mejor no cuestionar) pretendiendo vivir de la mejor manera posible. Empresarios desvergonzados, tiranos, engreídos, malvados capaces de hacer cualquier cosa por ganar dinero y alzarse por encima de los demás como salvadores de sus culos.


No hay como hacerse el pasota, el ignorante (si es que no lo eres) y reírse de sí mismo. Tartamudear, causar agobio y ser más hilarante Machacar a los vehementes que no reconocen que hay un montón de verdades entre la que está la suya. No obstante, no se ha de renunciar a ser uno mismo, no sea que a la farsa se acostumbre y en tonto de baba se convierta.

sábado, 20 de mayo de 2017

OBJETIVO: MANTENER LA DEMOCRACIA

El mantenimiento de la democracia, sustentado en la libertad y el respeto, es la vía correcta para lograr el objetivo de paz, progreso y bienestar. Hasta nuestros días la humanidad avanzó, multiplicando su número de habitantes y la calidad de sus vidas, pese a los múltiples avatares que los tiempos, de una u otra forma, resolvieron merced al genio y al esfuerzo. No podemos de un plumazo silenciar épocas pasadas, que puedan servirnos de referencia, y partir de cero. Aún suenan millones de pasos con proclamas de Libertad, Igualdad, Fraternidad. Voces contra la tiranía, la burguesía, el absolutismo, el abuso empresarial. Recuerdos de revoluciones, regímenes y formas de Estado diferentes. Nadie olvida la Ilustración, la Nobleza, la Iglesia, las Crisis, las Declaraciones de los derechos del hombre o la infinidad de Guerras que no acaban por mucho que se implore para que la Paz prevalezca y los males del hambre y la enfermedad se exterminen. Hoy no es posible, dada su complejidad, homogeneizar en el conjunto del nuestro planeta la idea manifestada en el primer párrafo del presente escrito. No obstante, la suma de las partes, de los diferentes pueblos de la Tierra, caminando en esa dirección, hará que los humanos vivamos en paz, libremente, sin penalidades y en comunión perfecta con la Naturaleza.

Deseo tan fuerte, como el expresado, es tanto una ilusión como una teoría (que no deja de ser una previsión) sin un plazo concreto que pueda determinarse.

¿Qué bases hay para establecer tal afirmación?:

Una.- Nuestro pasado, sin duda, del que hemos hecho alusión.

Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que nunca como ahora, hemos vivido tan bien, por mucho que se diga que todo tiempo pasado fue mejor.

Dos.- La independencia del Legislativo, el Judicial y el Ejecutivo habrá de ser una realidad.

Éstos deberán regular los poderes políticos, económicos, sociales y otros (sindicatos y partidos, asociaciones y empresas, religiones y medios de comunicación…) de acuerdo con la gente del pueblo, llevando a cabo  medidas como las dadas a conocer en la novela ESCAPE de Sebastián Lorca y en el compendio titulado 5 Fórmulas para el bienestar de España de Reynaldo Tendero, tendentes a conjugar Honorabilidad, Transparencia y Rentabilidad. Además, llegará la época en la que se alcancen la desaparición de las Fuerzas armadas (los ejércitos) de todos los países.

Tres.- Aplicando gratuitamente las nuevas tecnologías.

Harán posible que las energías limpias y renovables (sol, viento, agua, ondas…), la educación y sanidad sean universales, utilizables por los ciudadanos sin coste alguno, una vez amortizadas las infraestructuras que las domeñan. Se premiará el esfuerzo más que el dinero.  


Otras direcciones nos llevarán al mismo punto. Pero, ni todo privado, ni todo público. Ni autónomos ni obreros. Aboguemos por lo correcto en cada momento y por cada cuestión. No tengamos miedo en elegir un camino trasversal, sea del color que sea, sin perder de vista el objetivo principal del hombre: la paz, el progreso  y el bienestar. 

Las previsiones nunca se cumplen, pese a ello, no dejemos de hacerlas: sería una irresponsabilidad. Economistas, agencias de calificación, organismo encargados… son parásitos necesarios que espolean a fieles creyentes del porvenir y la estadística.  

sábado, 13 de mayo de 2017

CORRUPTO DE NACIMIENTO


Hace años, cuando pasé una larga temporada en Louborouhg (Inglaterra), me explicaba un joven andaluz que allá conocí (con él paseaba a menudo), que era corrupto de nacimiento por la domesticación recibida en su infancia, igual que muchos españoles nacidos en la dictadura. 

“Acudía a clase en la Universidad a diario –comentaba- cada tarde de lunes a viernes, y aparcaba en el puerto gratuitamente, a unos diez minutos andando desde allí. En otros lugares de la ciudad también había “voluntarios aparca coches” en busca de una propina. Un día, éstos aparecieron  con chapas identificativas prendidas en su camisa de una Entidad benéfica, de la que no recuerdo su nombre, exigiendo un euro por estacionar. Entregaban una hojita de un talonario como justificante numerado con membrete de dicha organización. Pues bien, averigüé que tal asociación no existía y la decisión  era una maniobra personal de un concejal del que, las malas lenguas, decían: “se está forrando”. Así que comencé corrompiendo a los “vigilantes” desdeñando el justificante con el que los controlaban y dejándoles la propina, por lo general, menor al euro requerido y que a ellos, como a mí, nos beneficiaba”.

-          ¡Hombre! –dije a mi acompañante- eso no es corrupción, sino una pillería. –Mientras, a mi caletre acudían las picardías de El Lazarillo de Tormes. Los premios dados a los niños por esgrimir su responsabilidad, no reconociendo su culpa. Los ejemplos de los mayores y de las Autoridades. La protección al ladino en lugar de al justo y bondadoso.

“Lo cierto es -continuó el joven- que no sé si tal maniobra se generalizó o no, pero a alguien se le ocurrió cambiar los “gorrillas” por barreras y maquinas. Así que, ese alguien,  de acuerdo con el responsable público, se adueño de esos lugares y descampados para explotarlos. ¿Hubo dinero por medio? ¿Se amañó una oferta pública de cesión? ¿Ambos se beneficiaron?”

Sin contestarle, pensé: No hay ley por la cual los fiscales puedan investigar los signos externos de las personas o de dónde salen sus fortunas. Como tampoco la hay, para que el ladrón, además de su castigo, devuelva lo robado. Me reafirmé que delinquir resulta barato.

“No pasó mucho tiempo para que aquellos terrenos se revalorizaran sobremanera. Entonces, la codicia que mueve la corrupción, subió un peldaño más. Emergieron viviendas privadas, polideportivos, auditorios y otras obras dando al destino de unos pocos su oportunidad de enriquecerse”.  Yo me dije: ¿Quién asiste a los plenos municipales? ¿Qué transparencia los preside? ¿Qué órgano los controla? ¿Quiénes de su aprovechamiento responden?

“Poseemos por historia y tradición –prosiguió- aceptar las cosas porqué sí. Nos enseñaron a no rebelarnos contra la voluntad divina (“será lo que Dios quiera”), contra la autoridad (“donde hay patrón no manda marinero”) e, incluso, contra la mala suerte. Esa es mi desgracia de nacimiento”. 

Su lamento me hizo cavilar que caemos en la tentación del dicho “piensa mal y aceptarás” y no siempre es así. Y que no estamos preparados para  cuestionar o denunciar posibles malversaciones de los intereses públicos,  ya que nos han imbuido que lo público no funciona, facilitándonos una educación deficiente que los mandamases pretenden preservar.

“¿Cómo no sentirme corrupto con una trayectoria cultural que no quiere atajar una de las principales lacras que hemos padecido, desde siempre, en nuestra España?” Posiblemente,  –interioricé- se halle en los genes acomodados de la individualidad y del sálvese quien pueda que nos caracterizan, deseando que los capullos brotados en la democracia no se marchiten.

sábado, 6 de mayo de 2017

DESCOFIAD

No cabe la menor duda.  Estamos viviendo  tiempos alucinantes. Entre otras razones, porque no tenemos otros, ignoramos los que están por llegar, y los pretéritos transitaron con excesiva parsimonia, sin pruebas contundentes de que fueran ciertos. Hoy la velocidad e inmediatez en la comunicación de los hechos, los comentarios y noticias se arruinan en un plis plas, sin apenas haberlos digerido. Lo triste, lo peor e, igual que ayer, sin ser comprobados. En infinidad de casos, cuando se detecta la realidad, la verdadera versión, ya es pasado y el objetivo de la falacia lanzada por el mentiroso se ha cumplido e, incluso, para la posteridad.

¡Tanto se repiten las cosas que, de tanto oírlas, se consideran ciertas!

¿De qué instrumentos disponemos las personas de a pie para dar o no verosimilitud a un acaecido que acabamos de leer en letra impresa o de escuchar en algún medio? ¿Y qué decir de los montajes, engaños, manipulaciones, falsificaciones que pasan por auténticos?

No hace tanto, sectas sin escrúpulos adoctrinaban a gente joven negando abiertamente, por ejemplo, el holocausto judío. Argumentaban con pruebas adulteradas que jamás existió, tratando de ensalzar el nazismo que practicaban. Otras, de signos opuestos, restaban importancia a los crímenes estalinistas sucedidos a fin de no empañar la fe en la dictadura del proletariado. Holocausto. Dictadura. Palabras de significados detestables. En parecidos términos actúan partidos, religiones, empresas… mediante misivas, prédicas, anuncios... con sus trolas tendenciosas en pro de sus intereses. Añadamos a éstos  el manejo de los medios digitales por parte de sus partidarios que corroboran, retuitean, copian y pegan, modifican e, incluso, inventan de buena fe la noticia aparecida (sin fechar ni dudar) produciendo un efecto multiplicador imparable que, en la mayoría de los casos, se convierte en verdadera.

¿Cómo distinguir el trigo de la paja? ¿No hay control imparcial que pueda, lo antes posible, confirmar o desmentir lo sucedido? ¿Algún color, alguna clave, algún signo que nos lo diga? No basta la intuición para detectarlo. Habremos de tenerla en cuenta, sin embargo.

Los mensaje que más impactan (y de eso los que más saben son los publicitas y profesionales de la conducta humana) son aquéllos que agitan emociones de dolor y placer estimulando sentimientos arraigados (miedo y satisfacción, odio y compasión, venganza y aceptación), sin que seamos capaces de remontarnos a sus orígenes y causas.

Por cuanto antecede, salvo mejor criterio, deberíamos abstenernos de dar pábulo a lo que no estamos ni seguros ni convencidos de que sea fidedigno, pese a que posea un atractivo poderoso. Desconfiemos. Cuestionemos el mensaje. A lo sumo, démoslo a conocer con toda reserva. 

Los malos viven de los ingenuos como el capital de los pobres o los corruptos de sus inductores. Y de demostrase el embuste, pregonarlo a los cuatro vientos remarcando su falsedad, asignando un color rojo de flagrante peligro.  

Debemos atajar y poner fin a males tan perversos, producto de intereses espurios (la gran mayoría económicos), con la indiferencia o no mostrando su contenido. Si perseveran, revelemos expresando: Ojo: falacia. Que sus autores se incluyan en una lista de Bandidos para, en su caso, darlos a conocer como se hizo con los vomitados en los Papales de Panamá.


Combatir tales prácticas dará sus frutos como los dieron la lucha contra la esclavitud y la pena de muerte. Se irán equiparando derechos y la impiedad o el infierno dejarán de aterrar.  

sábado, 29 de abril de 2017

DEBATIR

En España han pasado casi ochenta años desde que finalizó la peor de sus guerras (incívica, salvaje, cruenta… entre hermanos, por destruir un sistema) y todavía las diferencias políticas e ideologías persisten acusadamente. Entonces, unos hicieron suyos, a través de una brutal dictadura, los emblemas y significados nacionales de todos, enterraron a sus muertos con dignidad y se olvidaron que, los del otro bando, también eran españoles. Muerto el dictador sucedió una ejemplar Transición hacia la democracia sin revolución alguna, bajo la atenta mirada de un ejército y las poderosas e influyentes fuerzas vivas del bando vencedor. Una Transición igualmente engañosa y endeble que a punto estuvo de estallar con otro Golpe de Estado cuando cierto sector minoritario de la población pensó que la política se desviaba del Espíritu nacional impuesto por su caudillo. No hubo renovación de cargos y los altos mandos siguieron en sus puestos, sustituyendo al dictador por el Rey, entronizado e inmune como aquél lo fue bajo palio en tribunas y altares. Tampoco ha existido tiempo ni fondos para deshacer la historia que nos contaron (escrita por el bando franquista), ni para que los hijos de los vencidos hallaran a sus padres muertos, ni para que himnos, banderas y otros símbolos utilizados en la contienda desaparecieran. Hoy quedamos los viejos que, afortunadamente, no participamos en aquella maldita guerra, pero que, indirectamente, sufrimos parte de sus consecuencias. Y vemos, todavía, como parecen existir censores que dicen lo que atenta a la moral o al Espíritu nacional que muchos reclaman. Y nos llama la atención comprobar que la ley condena en proporción, menos severamente, a corruptos y ladrones, que a  quienes escriben necedades e improperios en internet (facebooc, twiter…), a los acusados e ignotos de convertir el arte sacro en apócrifo o  a unos titiriteros de haber ensalzado el terrorismo. Ya va siendo hora de revisar la democracia para que no se vean heridas donde no las hay; que dejemos de tener miedo por escribir o hablar ya que ni las letras ni las voces matan; que se prescinda de censores o comisarios políticos de otro tiempo ya que, únicamente, son defensores de su criterio y no de un pueblo que desea honradamente vivir en paz.


Cuando el terrorismo atentó en Francia por unas viñetas irónicas contra Mahoma, todos clamamos en contra del salvaje atentado por tan irrisoria cuestión; sin embargo, hoy en España (un reino/estado aconfesional) se imponen los sentimientos religiosos por hechos de similar guisa. Posiblemente, existan varas de medir distintas. Es más, hay grupos de  WhatsApp en los que muchos de sus componentes claman porque de política no se hable, temiendo enconar una discusión de consecuencias imprevisibles. Esto denota que hemos avanzado bien poco en civismo y respeto a las distintas ideas. No hemos aprendido a realizar un sosegado debate y somos incapaces de ponernos en lugar del otro. Esto me recuerda mi niñez cuando las familias silenciaban cualquier cuestión social, política, religiosa y nos educaban para que fuéramos apolíticos como si tal cosa fuera posible. Parece mentira que hoy vuelvan aquellos mensajes o, ¿es que, tal vez, nunca se fueron? Mi idea es que se ha de hablar libre y respetuosamente de todo, sin calificar ni prejuzgar, sin que nadie tenga que avergonzarse de pensar de una u otra manera. No se puede castigar el pensamiento, ni a la intención. Hemos de forjar un nuevo criterio de domesticación en el que todas las ideas quepan. La base para lograrlo, está en los mensajes que se emiten, en la educación que se practica, en el respeto necesario para no ser fundamentalista. Debemos prescindir del “ojo por ojo". Pararnos y pensar. Debatir cómo hacer las cosas mejor. Argumentar y reconocer la evidencia. No tomarnos la vida como una competición por llegar el primero o por saber más que el otro. Consiste en ponerse de acuerdo en las cosas importantes la mayor parte de las veces debatiendo con respeto.

miércoles, 19 de abril de 2017

SEMBRANDO EL ODIO

El mayor desastre entre los hombres es la guerra. Una guerra  que perdurará por mucho que los modos, los materiales, los sistemas cambien. Por mucho que se hable del desarme, de evitar el armamento nuclear o se elogie la paz. Por muy poderosos que sean los pueblos, los resultados, entre los contendientes, siempre serán los mismos: destrucción, calamidades y muertes. Una absoluta aniquilación humana daría lugar a un absoluto silencio.
Reflexiónese, que hoy y siempre, el detonante de la guerra es el interés económico, fiel servidor de la desigualdad social que, a su vez, crea indignación e incultura.
 Actualmente, en los lugares con cierto bienestar, la guerra tradicional o de guerrillas hiberna o se ha detenido, pero el terrorismo campa, justificado por creencias febriles y fanatismos absurdos, merced a las diferencias sociales. El terrorismo pues, es la guerra moderna que, incluso, con escasos medios, extiende el pánico por doquier y desestabiliza la convivencia.
La Europa comunitaria, el modelo a seguir desde después de la segunda guerra mundial, se desmorona si no se ha desmoronado ya. La razón principal es  atribuible a la pobreza  e indignación de la gente, sabedoras que sus gobernantes las originan y las propician, si bien, puede remediarse todavía tomando medidas acertadas. De estas, machaconamente, venimos hablando en este blog, a fin de acortar las distancias sociales y culturales. Sin embargo, la más urgente consiste en que Europa, a través de sus dirigentes, deje de sembrar odio.
El odio es un germen peligrosísimo. Se instala en las personas (hombres, mujeres, niños) que son repudiadas. Entre los que huyen de la guerra (ajena a ellos) presas del pánico y la muerte. Y no es para menos. Cada minuto que pasa sus heridas se hacen más profundas. Necesitan cobijo y medios para, dignamente, salir adelante. Y Europa no se los proporciona. Al contrario, los desprecia, los rehúye, les da la espalda.
Ese odio es simiente de terror que el tiempo convertirá, a quién lo pruebe, en terrorista. Rechazar, abandonar a millones de seres humanos a su suerte, es el caldo de cultivo para crear resentimiento que lleve a los hombres a la radicalidad o al  fanatismo. Nada tienen que perder. Nada que agradecer. Europa les cierra las puertas.
En España hay campos baldíos, pueblos deshabitados que se puede repoblar y hacerlos grandes, tal vez, como en otra época lo fueron. En muchas partes de Europa también los habrá. ¿Qué odio sentiríamos nosotros si, como ellos, nos viéramos rechazados? ¿Qué enseñanza daríamos a nuestros hijos: la del perdón o la del desprecio? ¿Cuál de las dos aprenderían obligados a pasar calamidades por evitar una muerte segura? ¿Incorporarán la venganza a sus usos para compensarse en el futuro, a través del terrorismo? ¡Es lamentable que dirigentes europeos siembren perniciosos gérmenes alegando beneficiar a su población con razones injustas y sin caridad! Parecen no entender que con su decisión insolidaria, cruel y corta de miras,  ponen en peligro el devenir de la gente europea a su cargo. Ni siquiera se han replanteado dónde, cómo, de qué forma incorporarlos en nuestras vidas. Reconózcanlo.  Reconozcan su culpa y varíen el rumbo tomado. No hacerlo será una torpeza de imprevisibles consecuencias de las que no lograremos salir indemnes por la indignación que causan. Prefiero equivocarme, pero…, de no rectificar a tiempo, un devenir  funesto nos aguarda.  

¡Europeos: evitemos el dolor de la gente inocente que nos necesita y nos pide ayuda!